Siguiendo a Foucault, el sujeto es producto de un tipo o tipos de
subjetividad construidos por distintos modos en que el poder a través de
distintas maneras, encuentra para objetivar a los individuos y los colectivos,
maneras que actuan como máquinas de subjetivación que configuran subjetividades acorde a lo que
las relaciones de poder plantean en un marco de un dispositivo especifico. En
este caso el dispositivo educativo, que a su vez es parte de todo un entramado
social más amplio en donde prima lo económico y lo político.
Frente
a eso, el lenguaje, lo escrito, lo dicho, marca tendencias de cómo se da
tratamiento de los sujetos y es hilo conductor del discurso que pretende
generar distintas subjetividades, todo esto está referido a un contexto.
Asumir
el discurso desde un enfoque contextual involucra aspectos de lo social y lo
cultural. Frente a esto, la manera de nombrar o de nominar es parte de esa
estrategia, la cual por supuesto esta puesta en marcha en lo que sería el
dispositivo educativo, en relación con la manera de nombrar a quienes en su
interior ejercen la labor de enseñar.
A
propósito de esto el profesor Sánchez (2004)
desde el enfoque de análisis crítico del discurso de Teun Van Dijk y
Norman Fairclough nos recuerda que
“el
uso pronominal que tenemos en nuestra lengua como el Español "tu-Ud"
como formas de cortesía presupone siempre que, como usuarios de esta lengua,
conocemos la naturaleza, de algún modo, del otro en la interacción social. Por
otro lado, la variación en el léxico implica igualmente que como hablantes
podemos tener opciones diferentes o "ideologías", por ejemplo,
"terrorista" frente a "luchador por la libertad" o
"viejo" versus "adulto mayor". (Sánchez, 2004 p.33-34)