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lunes, 26 de enero de 2015

EL SUJETO QUE ENSEÑA Y EL DISCURSO (Distinciones entre maestro, profesor, docente, profesional de la educación, educador y pedagogo)

Siguiendo a Foucault, el sujeto es producto de un tipo o tipos de subjetividad construidos por distintos modos en que el poder a través de distintas maneras,  encuentra para objetivar a los individuos y los colectivos, maneras que actuan como máquinas de subjetivación que configuran subjetividades acorde a lo que las relaciones de poder plantean en un marco de un dispositivo especifico. En este caso el dispositivo educativo, que a su vez es parte de todo un entramado social más amplio en donde prima lo económico y lo político.
Frente a eso,  el lenguaje, lo escrito, lo dicho, marca tendencias de cómo se da tratamiento de los sujetos y es hilo conductor del discurso que pretende generar distintas subjetividades, todo esto está referido a un contexto. 


Asumir el discurso desde un enfoque contextual involucra aspectos de lo social y lo cultural. Frente a esto,  la manera de nombrar o de nominar es parte de esa estrategia, la cual por supuesto esta puesta en marcha en lo que sería el dispositivo educativo, en relación con la manera de nombrar a quienes en su interior ejercen la labor de enseñar. 
 A propósito de esto el profesor Sánchez (2004)  desde el enfoque de análisis crítico del discurso de Teun Van Dijk y Norman Fairclough nos recuerda que
el uso pronominal que tenemos en nuestra lengua como el Español "tu-Ud" como formas de cortesía presupone siempre que, como usuarios de esta lengua, conocemos la naturaleza, de algún modo, del otro en la interacción social. Por otro lado, la variación en el léxico implica igualmente que como hablantes podemos tener opciones diferentes o "ideologías", por ejemplo, "terrorista" frente a "luchador por la libertad" o "viejo" versus "adulto mayor". (Sánchez, 2004 p.33-34)
Es decir que para referirnos a lo mismo podemos hacerlo desde diferentes palabras que política, 

significativa, ideológicamente no necesariamente indican lo mismo.

Para aclarar esto, o mejor problematizarlo, es preciso observar que el término, la palabra con la que se nombra a algo o  a alguien es muy importante frente a lo que este representa y el papel que ejerce en una sociedad, esto tiene que ver con el uso y el significado que adquiere en un contexto. Por ejemplo,  para algunos el Shamán o Chamán es el medico de algunas tribus indígenas, conocedor interlocutor y mediador con aspectos espirituales,  también conocido en Colombia como Taita,  para otros es como un brujo que encarna el mal (entiéndase esto por conocimientos que otros no conocen), o es el ancestro que lleva a cuestas la sabiduría general de toda una comunidad, este es también el maestro, el sabio, normalmente asociados a las personas más maduras, más viejas de la comunidad que tenían acumulada  la experiencia de vida.  Muchas maneras al parecer para referirse a un mismo sujeto social,  sin embargo no todas contienen una misma significación, lo que sin duda marca grandes diferencias. 
Me referiré entonces a esas  pero no me quedare allí, intentaré contextualizar  con lo que en Colombia sucede.
van Dijk (l992) sostiene:
 “que los contextos sociales no siempre son estáticos y que, como usuarios de una lengua, obedecemos pasivamente a las estructura de grupo, sociedad o cultura; así el discurso y los usuarios tienen una relación dialéctica en el contexto. Es decir, además de estar sujetos a los límites sociales del contexto contribuimos también a construir o cambiar ese contexto; podemos comprometer negociaciones flexibles como función de las exigencias contextuales junto con los límites generales de la cultura y la sociedad; al mismo tiempo que obedecemos al poder del grupo también lo "desafiamos" pues las normas sociales y sus reglas pueden ser cambiadas de un modo creativo donde se puede dar origen a un orden social nuevo. (Sánchez, 2004 p.33-34)

Entendiendo que las palabras se usan en contextos  y a pesar de que en las palabras existan diferenciaciones sustentables teóricamente, es la realidad del uso de esas palabras en ese contexto  lo que marca o no el derrotero de su significación.

Frente a esto, la manera de referirse sobre aquella persona que dedica su vida o parte de su vida a la noble labor de enseñar o de educar ha sido variada, hay muchas acepciones que perfilan a lo mismo pero que varían en significado y que desde el discurso se les da un uso determinado, sin embargo en Colombia todas son usadas cotidiana e indistintamente por las personas como lo mismo. 

En primera instancia  se puede apreciar que en países como España un maestro es quien enseña en los niveles de primaria, y profesor quien hace lo propio en niveles de lo que en Colombia conocemos como bachillerato y educación superior, en los Estados Unidos esta distinción parece ser similar entre “teacher” y “professor”, siendo el primero el que tiene que ver con la enseñanza de niveles de primaria y secundaria previos a la educación superior  y el segundo relacionado con la educación superior.

 En Colombia  esa distinción no es tan clara, profesor es al parecer la persona que indistintamente este inmerso en el ámbito educativo, independientemente del nivel en el que lo ejerza, ni la manera y objetivos para la cual lo ejerza,  nivelándolo a uno de los términos más usados en el contexto educativo, este es el de docente. Este término que es más general pues se refiere  según la Real Academia de la Lengua Española (RALE) a “quien enseña”  o “que es relativo a la enseñanza”.   Entonces en Colombia es válido hablar de Docente, para referirse a profesor como a maestro,  en últimas para referirse popularmente a lo que sería supuestamente la misma persona.

 A pesar de ello, de que en la cotidianidad esto suceda así, que culturalmente esto se haya interiorizado, el uso y desuso de estas palabras permiten un trato, una manera de objetivar sujetos, de enfatizar en maneras de actuar, en distinguir o no distinguir según las tendencias del poder lo requieran.
En esa línea, profesional  es entonces toda persona que haya pasado por un proceso de aprendizaje en el que se hace “experto” en un saber, en una disciplina del conocimiento, acreditado normalmente por una Institución de Educación Superior (IES). Al  adherirle el apellido educación al de profesional, en Colombia, principalmente desde el año 2002,  con la entrada en vigencia del estatuto docente 1278,  toda persona profesional  parece ser, o tener la capacidad implícita  al mismo tiempo para ejercer como profesional de la educación por lo menos en los niveles básico y  medio de la educación colombiana, ya que el estatuto docente así lo consagra en su artículo 3 (MEN, 2002). 

 Esto quiere decir que la no distinción entre estos términos,  funciona contextualmente para efectos,  por ejemplo de incorporación de plantas docentes y la generación de estadísticas de empleo formal, entre otras.  No distinguir entre quien se ha formado para enseñar y quien se ha formado en otra disciplina para desarrollarla de forma distinta,  es también parte de las discusiones que epistemológicamente se han llevado al interior del debate educativo, en el que se pregunta si la  pedagogía, es ciencia, arte o discurso de las prácticas educativas, en tanto que desde esta óptica que aquí se expone,  aparentemente se rompe con la vieja idea en la que la pedagogía es una subsidiaria de la ciencia. 
Pero así como la NO distinción funciona, la distinción también, por ejemplo,  para efectos de selección de personal universitario, no cualquier docente puede ser profesor de universidad (a menos que prime la autonomía universitaria para decidir sobre estos casos según el artículo 69 de la Carta política del 91 y el artículo 28 de la ley 30 de 1992 ), en la mayoría de estos casos, el aspirante debe haber tenido una formación y sobre todo experiencia en ese sector, si esta experiencia ha sido en los niveles de primaria y bachillerato, su experiencia normalmente no es considerada del nivel profesional, es considerada entonces como experiencia docente condicionada, esto permite introducir el término pedagogo, que históricamente es asociado con las clases subsidiarias del poder, serviles a estas, se encargaban de la formación de los niños y niñas sucesores de los cargos de gobierno o de las familias socialmente mejor ubicadas, educación inicial que correspondía en principio a las maneras de comportarse, pero también a los conocimientos básicos de lectura, escritura,  matemáticas y filosofía,  lo que históricamente ha puesto al pedagogo  como inferior en una escala de la enseñanza, el pedagogo no era el maestro, era el que guiaba al niño en una primera etapa de vida, tal como también etimológicamente lo propone el término, que indica que proviene de pædagogus  o ‘preceptor’, esta palabra que deviene del griego paidagogós, tenían igual significado, es una conjugación entre la palabra  paidós ‘niño’ y agó ‘conduzco’, ‘guío’.

Para la antigüedad era un preceptor  el cual se  encargaba de guiar específicamente al niño durante los primeros años de su vida, este personaje era entonces un punto de encuentro de la clase baja o plebe y la clase alta o aristocracia, un contraste entre quien se movía entre lo más alto de la sociedad y al mismo tiempo sufría la escases y las desventuras de la clase baja, algo que no es muy alejado de la realidad colombiana hoy día. 

Volviendo al ejemplo, esa distinción entre profesional y profesional de la educación opera,  por lo menos así lo marca  el decreto 263 del 2000, en donde distingue tipos de experiencia frente a los estudios que se realizan en los niveles de educación superior en Colombia y que son evaluadas para el ingreso por ejemplo de cargos con funciones públicas específicas bajo la lógica del mérito. 

“Experiencia profesional: Es la adquirida a partir de la terminación y aprobación de todas las materias que conforman el pénsum académico de pregrado de la respectiva formación profesional, o de especialización tecnológica, en el ejercicio de las actividades propias de la profesión o especialidad relacionadas con las funciones del empleo al cual se aspira. Para los cargos del nivel directivo, esta experiencia sólo se cuenta a partir de la obtención del título profesional respectivo.
 Experiencia docente: Es la adquirida en el ejercicio de actividades como profesor o investigador adelantadas en instituciones educativas reconocidas oficialmente. Cuando se trate de cargos comprendidos en el nivel profesional y niveles superiores a éste, la experiencia docente deberá acreditarse en instituciones de educación superior, en áreas afines al cargo que se va a desempeñar y con posterioridad a la obtención del correspondiente título de formación universitaria.” (Rep. Colombia, 2000, Decreto 203, art. 6)

Lo anterior quiere decir que un profesional, licenciado en educación, formado para tal,  una vez sale de la universidad e ingresa a trabajar en un colegio por ejemplo,  adquiere experiencia profesional en tanto que ejerce su profesión una vez terminado la totalidad de su pensum académico  en una función relacionada con sus estudios,  al tiempo que estaría adquiriendo experiencia docente, solo que esa experiencia docente no le sería válida para cargos del nivel profesional y superiores cuando se pretende aspirar a cargos por ejemplo de educación superior,  porque en este caso se trata de un “Pedagogo” termino que aún se mira con desprecio y que es parte de las reivindicaciones también de la pedagogía misma en sus discusiones epistemológicas. Lo anterior resulta en una contradicción,  pero es allí donde precisamente opera la distinción,  esto es común  observarlo en los procesos de meritocracia en distintos niveles, sean estos en los espacios universitarios privados (no en todos los casos como ya se aclaró)  o públicos,  hasta las convocatorias estatales para ofrecer cualquier tipo de cargos. 
Entonces que la distinción funcione en doble vía, una para alentar la participación de sectores más amplios de profesionales  y otra para delimitar la participación de un sector, en este caso de quien se ha dedicado a formarse para enseñar,  no es en vano, es parte de lo que en el contexto sucede y que debe tenerse en cuenta frente al uso de las palabras. 

No es raro encontrar que un abogado puede ser profesor de sociales, derechos humanos, democracia,  etc., pero no que un profesor de formación en sociales, democracia,  pueda ejercer funciones de abogado, sería inadmisible, que un ingeniero pueda ejercer como profesor de matemáticas, física,  incluso química, pero no que profesionales de la educación en matemática, física o química  puedan ejercer como ingenieros, sería un despropósito. 

Aunque parezca reiterativo, aunque todos sean lo mismo en apariencia “profesores o profesionales” esto no es verdad en la realidad, en la práctica, porque la distinción opera según lo que el discurso educativo en lo laboral ha definido, esto tiene una clara relación con lo que políticamente orienta visiones amplias sobre el concepto educación.

Por otro lado, El maestro en Colombia entonces parece ser una parte mínima de todo ese cumulo de docentes, profesores, profesionales de la educación, es maestro en Colombia por ejemplo Fernando Botero, reconocido artista, que no necesariamente se ha dedicado a enseñar su arte,  aunque si a divulgarlo mundialmente, es reconocido como maestro  Jorge Veloza, quien no necesariamente se ha dedicado a enseñar en un aula su música,  pero si  a difundirla,  como creador de un género musical como la carranga y promotor de la cultura de las costumbres y cultura de un sector de la sociedad colombiana como es el caso de la cultura boyacense, así también es maestro Gabriel García Márquez, nobel de literatura, que hasta su muerte no ejerció labores como profesor, así como son considerados muchos otros literatos. Maestro  desde esta perspectiva, es alguien, aquella persona que tiene grandes conocimientos sobre una o varias cosas de forma diferente a lo que todos los demás poseen, y que además aplica ese conocimiento para algo  (arte, literatura, deporte).

Esto quiere decir que su mayor dedicación más que al hablar, profesar, o enseñar, es al pensar, el reflexionar desde su conocimiento y sobre el conocimiento, en ese sentido la distinción de maestro tiene que ver en parte con la idea de profesor, en la cual según la Real Academia de la Lengua Española  el profesor es  una “persona que ejerce o enseña una ciencia o arte” pero que  si se mira etimológicamente no tiene mucho que ver, porque esta palabra “profesor” contiene en ella el acto de “profesar” que proviene del latín  profiteri, que es declarar (en público), que a su vez deriva de “pro fatio”, con el significado de “disponerse a hablar”, esto indica que de alguna manera el profesor tiene la palabra como eje fundamental de su acción, está por tanto dispuesto a hablar, pero no solo eso, sino a hacerlo en público, desde esa óptica no cualquiera es maestro en Colombia, según esto, puede que muchos profesores no sean maestros, y que muchos maestros no sean profesores, sin embargo existan profesores maestros.
Viéndolo  desde otra orilla, la tendencia mundial por especializar los espacios educativos, el aprendizaje y la enseñanza,  ha llevado a que en el ámbito de la educación superior  se forme en distintos temas,  en un nivel de la educación denominado pos gradual la figura del Magister, master o maestro, son entonces desde esta perspectiva todos ellos maestros también.  Visto desde aquí,  puede haber profesores y profesionales maestros o no.  Esta distinción es clave en el estatuto docente 1278 de 2002 de Colombia, porque a partir de esto se definen grados en el escalafón docente y por ende niveles salariales, sin duda elementos de control y regulación que desde el discurso se emanan. 

Entendiendo que lo dicho líneas arriba es importante, que la distinción o no distinción de los términos opere o no, lo importante de abordar al sujeto, en este caso a aquel que en Colombia se dedica a enseñar y que es producto de distintos tipos de subjetivación que operan el  contexto, y que aquí lo denomino maestro colombiano, por el sentido positivo que el término ofrece, lo importante es observar cómo el discurso de la política pública educativa se mueve y opera en torno a estos términos también, cómo son o no útiles a lo que pretenden desde la política, y cómo desde ellos se aporta a construir una propuesta de maestro colombiano.

Independientemente de que en Colombia los maestros quepan indistintamente para la cotidianidad como profesor, docente, educador o similares,   para la política pública estos términos si fijan y marcan tendencias de acción,  de lo que se espera de este sujeto, de su manera de desenvolverse en la sociedad, de ahí que un estatuto, o en el caso de Colombia dos (2), intenten regular y controlar estos aspectos, que si bien son necesarios para generar un marco de mínimos, es también la posibilidad más inmediata de proponer y moldear sujetos acordes a lo que el poder exige. 

Para terminar,  me adhiero al profesor Oscar Saldarriaga (2002), reconocido investigador en educación en Colombia quien dice:
Prefiero hablar de “oficio de maestro”, porque defiendo el peso histórico y cultural del término maestro, que define a la persona dedicada al oficio de enseñar, frente a otros términos más recientes que no añaden nada esencial a esa designación. Aunque debe precisarse de inmediato que, términos como profesor, docente, educador, pedagogo, califican ciertos matices en la jerarquía social y académica para distinguir diversas especies dentro del mismo género” (p. 2).

Gustavo López
@maestropensante

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