lunes, 26 de enero de 2015
On 5:38:00 p.m. by Gustavo López in discurso, educador, Maestro, Ministerio de educación, pedagogo, profesional de la educación, profesor, sujeto No comments
Siguiendo a Foucault, el sujeto es producto de un tipo o tipos de
subjetividad construidos por distintos modos en que el poder a través de
distintas maneras, encuentra para objetivar a los individuos y los colectivos,
maneras que actuan como máquinas de subjetivación que configuran subjetividades acorde a lo que
las relaciones de poder plantean en un marco de un dispositivo especifico. En
este caso el dispositivo educativo, que a su vez es parte de todo un entramado
social más amplio en donde prima lo económico y lo político.
Frente
a eso, el lenguaje, lo escrito, lo dicho, marca tendencias de cómo se da
tratamiento de los sujetos y es hilo conductor del discurso que pretende
generar distintas subjetividades, todo esto está referido a un contexto.
Asumir
el discurso desde un enfoque contextual involucra aspectos de lo social y lo
cultural. Frente a esto, la manera de nombrar o de nominar es parte de esa
estrategia, la cual por supuesto esta puesta en marcha en lo que sería el
dispositivo educativo, en relación con la manera de nombrar a quienes en su
interior ejercen la labor de enseñar.
A propósito de esto el profesor Sánchez (2004) desde el enfoque de análisis crítico del discurso de Teun Van Dijk y Norman Fairclough nos recuerda que
A propósito de esto el profesor Sánchez (2004) desde el enfoque de análisis crítico del discurso de Teun Van Dijk y Norman Fairclough nos recuerda que
“el
uso pronominal que tenemos en nuestra lengua como el Español "tu-Ud"
como formas de cortesía presupone siempre que, como usuarios de esta lengua,
conocemos la naturaleza, de algún modo, del otro en la interacción social. Por
otro lado, la variación en el léxico implica igualmente que como hablantes
podemos tener opciones diferentes o "ideologías", por ejemplo,
"terrorista" frente a "luchador por la libertad" o
"viejo" versus "adulto mayor". (Sánchez, 2004 p.33-34)
Es decir que para referirnos a lo mismo podemos
hacerlo desde diferentes palabras que política,
significativa, ideológicamente no necesariamente indican lo mismo.
significativa, ideológicamente no necesariamente indican lo mismo.
Para
aclarar esto, o mejor problematizarlo, es preciso observar que el término, la
palabra con la que se nombra a algo o a
alguien es muy importante frente a lo que este representa y el papel que ejerce
en una sociedad, esto tiene que ver con el uso y el significado que adquiere en
un contexto. Por ejemplo, para algunos
el Shamán o Chamán es el medico de algunas tribus indígenas, conocedor
interlocutor y mediador con aspectos espirituales, también conocido en Colombia como Taita, para otros es como un brujo que encarna el
mal (entiéndase esto por conocimientos que otros no conocen), o es el ancestro
que lleva a cuestas la sabiduría general de toda una comunidad, este es también
el maestro, el sabio, normalmente asociados a las personas más maduras, más
viejas de la comunidad que tenían acumulada la experiencia de vida. Muchas maneras al parecer para referirse a un
mismo sujeto social, sin embargo no
todas contienen una misma significación, lo que sin duda marca grandes
diferencias.
Me
referiré entonces a esas pero no me quedare
allí, intentaré contextualizar con lo que en Colombia sucede.
van Dijk (l992)
sostiene:
“que los contextos sociales no siempre son
estáticos y que, como usuarios de una lengua, obedecemos pasivamente a las estructura
de grupo, sociedad o cultura; así el discurso y los usuarios tienen una
relación dialéctica en el contexto. Es decir, además de estar sujetos a los
límites sociales del contexto contribuimos también a construir o cambiar ese
contexto; podemos comprometer negociaciones flexibles como función de las
exigencias contextuales junto con los límites generales de la cultura y la
sociedad; al mismo tiempo que obedecemos al poder del grupo también lo
"desafiamos" pues las normas sociales y sus reglas pueden ser
cambiadas de un modo creativo donde se puede dar origen a un orden social
nuevo. (Sánchez, 2004 p.33-34)
Entendiendo
que las palabras se usan en contextos y
a pesar de que en las palabras existan diferenciaciones sustentables
teóricamente, es la realidad del uso de esas palabras en ese contexto lo que marca o no el derrotero de su
significación.
Frente
a esto, la manera de referirse sobre aquella persona que dedica su vida o parte
de su vida a la noble labor de enseñar o de educar ha sido variada, hay muchas
acepciones que perfilan a lo mismo pero que varían en significado y que desde el discurso se les da un uso determinado, sin embargo
en Colombia todas son usadas cotidiana e indistintamente por las personas como
lo mismo.
En primera instancia se puede apreciar que en
países como España un maestro es quien enseña en los niveles de primaria, y
profesor quien hace lo propio en niveles de lo que en Colombia conocemos como
bachillerato y educación superior, en los Estados Unidos esta distinción parece
ser similar entre “teacher” y “professor”, siendo el primero el que tiene que
ver con la enseñanza de niveles de primaria y secundaria previos a la educación
superior y el segundo relacionado con la
educación superior.
En Colombia
esa distinción no es tan clara, profesor
es al parecer la persona que indistintamente este inmerso en el ámbito
educativo, independientemente del nivel en el que lo ejerza, ni la manera y
objetivos para la cual lo ejerza, nivelándolo
a uno de los términos más usados en el contexto educativo, este es el de docente. Este término que es más general
pues se refiere según la Real Academia
de la Lengua Española (RALE) a “quien enseña”
o “que es relativo a la enseñanza”.
Entonces en Colombia es válido hablar de Docente, para referirse a
profesor como a maestro, en últimas para
referirse popularmente a lo que sería supuestamente la misma persona.
A pesar de ello, de que en la cotidianidad
esto suceda así, que culturalmente esto se haya interiorizado, el uso y desuso
de estas palabras permiten un trato, una manera de objetivar sujetos, de
enfatizar en maneras de actuar, en distinguir o no distinguir según las
tendencias del poder lo requieran.
En
esa línea, profesional es entonces toda persona que haya pasado por
un proceso de aprendizaje en el que se hace “experto” en un saber, en una
disciplina del conocimiento, acreditado normalmente por una Institución de
Educación Superior (IES). Al adherirle
el apellido educación al de profesional, en Colombia, principalmente desde el
año 2002, con la entrada en vigencia del
estatuto docente 1278, toda persona
profesional parece ser, o tener la
capacidad implícita al mismo tiempo para
ejercer como profesional de la educación
por lo menos en los niveles básico y
medio de la educación colombiana, ya que el estatuto docente así lo
consagra en su artículo 3 (MEN, 2002).
Esto quiere decir que la no distinción entre estos términos,
funciona contextualmente para efectos, por ejemplo de incorporación de
plantas docentes y la generación de estadísticas de empleo formal, entre
otras. No distinguir entre quien se ha
formado para enseñar y quien se ha formado en otra disciplina para
desarrollarla de forma distinta, es
también parte de las discusiones que epistemológicamente se han llevado al
interior del debate educativo, en el que se pregunta si la pedagogía, es ciencia, arte o discurso de las
prácticas educativas, en tanto que desde esta óptica que aquí se expone, aparentemente se rompe con la vieja idea en
la que la pedagogía es una subsidiaria de la ciencia.
Pero así como la NO distinción funciona, la distinción
también, por ejemplo, para efectos de
selección de personal universitario, no cualquier docente puede ser profesor de
universidad (a menos que prime la autonomía universitaria para decidir sobre
estos casos según el artículo 69 de la Carta política del 91 y el artículo 28
de la ley 30 de 1992 ), en la mayoría de estos casos, el aspirante debe haber
tenido una formación y sobre todo experiencia en ese sector, si esta
experiencia ha sido en los niveles de primaria y bachillerato, su experiencia
normalmente no es considerada del nivel profesional, es considerada entonces
como experiencia docente condicionada, esto permite introducir el término pedagogo, que históricamente es
asociado con las clases subsidiarias del poder, serviles a estas, se
encargaban de la formación de los niños y niñas sucesores de los cargos de
gobierno o de las familias socialmente mejor ubicadas, educación inicial que
correspondía en principio a las maneras de comportarse, pero también a los
conocimientos básicos de lectura, escritura,
matemáticas y filosofía, lo que
históricamente ha puesto al pedagogo como inferior en una escala de la enseñanza,
el pedagogo no era el maestro, era el
que guiaba al niño en una primera etapa de vida, tal como también
etimológicamente lo propone el término, que indica que proviene de
pædagogus o ‘preceptor’, esta palabra
que deviene del griego paidagogós, tenían igual significado, es una conjugación
entre la palabra paidós ‘niño’ y agó
‘conduzco’, ‘guío’.
Para la antigüedad era un
preceptor el cual se encargaba de guiar específicamente al niño
durante los primeros años de su vida, este personaje era entonces un punto de
encuentro de la clase baja o plebe y la clase alta o aristocracia, un contraste
entre quien se movía entre lo más alto de la sociedad y al mismo tiempo sufría
la escases y las desventuras de la clase baja, algo que no es muy alejado de la
realidad colombiana hoy día.
Volviendo al ejemplo, esa
distinción entre profesional y profesional de la educación opera, por lo menos así lo marca el decreto 263
del 2000, en donde distingue tipos de experiencia frente a los estudios que se
realizan en los niveles de educación superior en Colombia y que son evaluadas
para el ingreso por ejemplo de cargos con funciones públicas específicas bajo
la lógica del mérito.
“Experiencia profesional: Es la
adquirida a partir de la terminación y aprobación de todas las materias que
conforman el pénsum académico de pregrado de la respectiva formación
profesional, o de especialización tecnológica, en el ejercicio de las
actividades propias de la profesión o especialidad relacionadas con las
funciones del empleo al cual se aspira. Para los cargos del nivel directivo,
esta experiencia sólo se cuenta a partir de la obtención del título profesional
respectivo.
Experiencia docente: Es la adquirida en el
ejercicio de actividades como profesor o investigador adelantadas en
instituciones educativas reconocidas oficialmente. Cuando se trate de cargos
comprendidos en el nivel profesional y niveles superiores a éste, la
experiencia docente deberá acreditarse en instituciones de educación superior,
en áreas afines al cargo que se va a desempeñar y con posterioridad a la
obtención del correspondiente título de formación universitaria.” (Rep.
Colombia, 2000, Decreto 203, art. 6)
Lo
anterior quiere decir que un profesional, licenciado en educación, formado para
tal, una vez sale de la universidad e
ingresa a trabajar en un colegio por ejemplo,
adquiere experiencia profesional en tanto que ejerce su profesión una
vez terminado la totalidad de su pensum académico en una función relacionada con sus
estudios, al tiempo que estaría
adquiriendo experiencia docente, solo que esa experiencia docente no le sería
válida para cargos del nivel profesional y superiores cuando se pretende
aspirar a cargos por ejemplo de educación superior, porque en este caso se trata
de un “Pedagogo” termino que aún se mira con desprecio y que es parte de las
reivindicaciones también de la pedagogía misma en sus discusiones
epistemológicas. Lo anterior resulta en una contradicción, pero es allí donde precisamente opera la
distinción, esto es común observarlo en los procesos de meritocracia en
distintos niveles, sean estos en los espacios universitarios privados (no en
todos los casos como ya se aclaró) o
públicos, hasta las convocatorias
estatales para ofrecer cualquier tipo de cargos.
Entonces
que la distinción funcione en doble vía, una para alentar la participación de
sectores más amplios de profesionales y
otra para delimitar la participación de un sector, en este caso de quien se ha
dedicado a formarse para enseñar, no es
en vano, es parte de lo que en el contexto sucede y que debe tenerse en cuenta
frente al uso de las palabras.
No
es raro encontrar que un abogado puede ser profesor de sociales, derechos
humanos, democracia, etc., pero no que
un profesor de formación en sociales, democracia, pueda ejercer funciones de abogado, sería
inadmisible, que un ingeniero pueda ejercer como profesor de matemáticas,
física, incluso química, pero no que profesionales de la educación en
matemática, física o química puedan
ejercer como ingenieros, sería un despropósito.
Aunque
parezca reiterativo, aunque todos sean lo mismo en apariencia “profesores o
profesionales” esto no es verdad en la realidad, en la práctica, porque la
distinción opera según lo que el discurso educativo en lo laboral ha definido,
esto tiene una clara relación con lo que políticamente orienta visiones amplias
sobre el concepto educación.
Por
otro lado, El maestro en Colombia
entonces parece ser una parte mínima de todo ese cumulo de docentes, profesores, profesionales de la educación, es maestro en Colombia por ejemplo Fernando
Botero, reconocido artista, que no necesariamente se ha dedicado a enseñar su
arte, aunque si a divulgarlo mundialmente, es reconocido como maestro Jorge
Veloza, quien no necesariamente se ha dedicado a enseñar en un aula su música, pero si
a difundirla, como creador de un
género musical como la carranga y promotor de la cultura de las costumbres y
cultura de un sector de la sociedad colombiana como es el caso de la cultura
boyacense, así también es maestro Gabriel García Márquez, nobel de literatura,
que hasta su muerte no ejerció labores como profesor, así como son considerados
muchos otros literatos. Maestro desde esta perspectiva, es alguien, aquella
persona que tiene grandes conocimientos sobre una o varias cosas de forma
diferente a lo que todos los demás poseen, y que además aplica ese conocimiento
para algo (arte, literatura, deporte).
Esto
quiere decir que su mayor dedicación más que al hablar, profesar, o enseñar, es
al pensar, el reflexionar desde su conocimiento y sobre el conocimiento, en ese
sentido la distinción de maestro tiene que ver en parte con la idea de profesor, en la cual según la Real
Academia de la Lengua Española el
profesor es una “persona que ejerce o
enseña una ciencia o arte” pero que si
se mira etimológicamente no tiene mucho que ver, porque esta palabra “profesor”
contiene en ella el acto de “profesar” que proviene del latín profiteri,
que es declarar (en público), que a su vez deriva de “pro fatio”, con el significado de “disponerse a hablar”, esto
indica que de alguna manera el profesor tiene la palabra como eje fundamental
de su acción, está por tanto dispuesto a hablar, pero no solo eso, sino a
hacerlo en público, desde esa óptica no cualquiera es maestro en Colombia,
según esto, puede que muchos profesores no sean maestros, y que muchos maestros
no sean profesores, sin embargo existan profesores maestros.
Viéndolo desde otra orilla, la tendencia mundial por
especializar los espacios educativos, el aprendizaje y la enseñanza, ha llevado a que en el ámbito de la educación
superior se forme en distintos
temas, en un nivel de la educación
denominado pos gradual la figura del Magister, master o maestro, son entonces
desde esta perspectiva todos ellos maestros también. Visto desde aquí, puede haber profesores y profesionales
maestros o no. Esta distinción es clave
en el estatuto docente 1278 de 2002 de Colombia, porque a partir de esto se
definen grados en el escalafón docente y por ende niveles salariales, sin duda elementos de control y regulación que desde el discurso se emanan.
Entendiendo
que lo dicho líneas arriba es importante, que la distinción o no distinción de
los términos opere o no, lo importante de abordar al sujeto, en este caso a
aquel que en Colombia se dedica a enseñar y que es producto de distintos tipos
de subjetivación que operan el contexto,
y que aquí lo denomino maestro colombiano, por el sentido positivo que el
término ofrece, lo importante es observar cómo el discurso de la política
pública educativa se mueve y opera en torno a estos términos también, cómo son
o no útiles a lo que pretenden desde la política, y cómo desde ellos se aporta
a construir una propuesta de maestro colombiano.
Independientemente
de que en Colombia los maestros quepan indistintamente para la cotidianidad
como profesor, docente, educador o similares, para la política pública estos términos si
fijan y marcan tendencias de acción, de
lo que se espera de este sujeto, de su manera de desenvolverse en la sociedad,
de ahí que un estatuto, o en el caso de Colombia dos (2), intenten regular y
controlar estos aspectos, que si bien son necesarios para generar un marco de
mínimos, es también la posibilidad más inmediata de proponer y moldear sujetos
acordes a lo que el poder exige.
Para terminar, me adhiero al profesor Oscar Saldarriaga
(2002), reconocido investigador en educación en Colombia quien dice:
Prefiero
hablar de “oficio de maestro”, porque defiendo el peso histórico y cultural del
término maestro, que define a la persona dedicada al oficio de enseñar,
frente a otros términos más recientes que no añaden nada esencial a esa
designación. Aunque debe precisarse de inmediato que, términos como profesor,
docente, educador, pedagogo, califican ciertos matices en la jerarquía
social y académica para distinguir diversas especies dentro del mismo género”
(p. 2).
Gustavo López
@maestropensante
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
Search
Nuestras visitas
@ELPROFEGUS
Popular Posts
-
A TODXS LOS MAESTROS DEL PAÍS INTERESADOS EN ACCEDER AL MAGISTERIO OFICIAL COLOMBIANO. Pueden acceder a este link para ubicar toda la in...
-
DESCARGUE AQUÍ EL DOCUMENTO COMPLETO.
-
Decreto 122 de 26 de enero de 2016 (2277) Decreto 120 de 26 de enero de 2016 (1278)
-
Aquí pueden consultar el decreto del 19 de agosto de 2014, en el que se reconoce al magisterio colombiano un 1% de incremento en su a...
Sample Text
Blog Archive
GUSTAVO LÓPEZ TORRES. Con tecnología de Blogger.
0 comments:
Publicar un comentario