sábado, 18 de octubre de 2014

  Por: Alfonso Tamayo Valencia.
Catedrático Universidad Pedagógica Nacional.
Ex vicerrector académico 
Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.
Miembro Comité Editorial.


A principios del siglo XXI estamos asistiendo a un real cambio de paradigmas respecto de la sociedad, el conocimiento y las relaciones de estas con la Universidad  Pública.

Fenómenos como la Globalización, la Sociedad del Conocimiento y el uso de nuevas tecnologías de la comunicación y la información(NTCI), han afectado profundamente la Universidad pública como Institución y exigen de ésta una posición acorde con su Misión para enfrentar los retos que estos nuevos paradigmas le están planteando.(1)

En efecto, la Globalización, entendida como la expansión mundial de los mercados y las consecuencias ideológicas, culturales y políticas que esto conlleva, puede diluir la naturaleza y funciones de la Universidad Pública desdibujando su responsabilidad social y articulando sus funciones a las demandas del mercado mundial de la educación convertida ahora en una mercancía sometida a la oferta y la demanda.

La llamada “Sociedad del Conocimiento” genera centros o “nodos” de académicos e investigadores especializados, por temas y problemas, que ejercen un control simbólico y de legitimación a través de redes complejas de datos, universalizando los conocimientos, ahora empaquetados en software que circulan en el ciberespacio, disponibles en Internet, lo cual tiende a desplazar las labores de la docencia tradicional obligando a los maestros a explorar nuevas rutas didácticas basadas en la construcción de conocimiento y orientadas a la solución de problemas contextualizados , para evitar el efecto “enrarecedor” que sobre las identidades culturales y los fines propios de la educación, puede imponer el abuso de la información, creando la falacia de que “Si no está en Internet no existe.”

De otra parte, los usos cada vez más  intensivos y extensivos de las NTCI generan competencias desiguales entre quienes las producen y las usan de acuerdo con sus propósitos comerciales, ideológicos y científicos, frente a aquellos que simplemente las compran y reproducen sin atender a sus finalidades y contextos. Se vuelven más importantes los medios que las mediaciones culturales, éticas y sociales en las cuales se utilizan. Se propaga la idea de que la calidad de la educación se mide por la cantidad de equipos y no por la calidad de vida, la equidad y la justicia social que genere.

viernes, 17 de octubre de 2014

jueves, 2 de octubre de 2014

On 9:41:00 p.m. by Gustavo López in , , ,    No comments
Por: Cristian Alberto Bedoya Laguna.


Por idealismo me refiero a aquello que uno piensa que haría en el colegio para cambiar el estado de cosas para un mundo mejor; la abnegación aparece cuando ya ha pasado un tiempo y aún se piensa hacer el tipo de cosas que sólo haría recién salido de la universidad, por vocación.

¿Cómo la ven?, ¿por vocación? ¿Exagero? ¿Acaso han escuchado o leído opiniones como que los profesores no tienen por qué quejarse o que los profesores no tienen nada qué reclamar porque su trabajo es por vocación, casi un apostolado? Las preguntas que me asaltan ahora son ¿Qué tan justos son los reclamos?, ¿de qué somos cómplices con nuestros silencios y cuando no reclamamos? y ¿hasta qué punto el profesor está (sacando el culo) saliéndose por la tangente?

Considero que principalmente los profesores son trabajadores y también creo que en un país civilizado de occidente todo lo que se les reconozca a los trabajadores es justo, porque o si no quién gozará de las riquezas de una sociedad, de una cultura ¿el capital transnacional, los delincuentes, los corruptos, los fanáticos? No, creo que en Colombia se paga muy mal el empleo y que todo lo que reclamen los trabajadores está bien, por eso no estoy de acuerdo con quienes llegan a insinuar o promover, consiente o inconscientemente, que el profesor se queja mucho, que no debería joder tanto y más bien ponerse a trabajar, que lxs niñxs y las condiciones difíciles son estimulo para desarrollar su profesión, que por eso es profesor, por vocación.