“Dos continentes separados por el Atlántico, el uno poco
conocido
de
la antigüedad, y el otro ignorado… Es tan estrecho el enlace entre los dos
que
es imposible tratar de América, prescindiendo de África.”
Antonio Saco.
APUNTES CONTEXTUALES
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Por: Yesid González Perdomo
yesidgonzalezperdomo@gmail.com
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El Estado colombiano ha demostrado
ser incapaz para consolidar los elementos fundamentales de lo que en ciencia política
podría constituirse como un Estado moderno, Daniel Pécaut (Pécaut, 2004)
critica cómo desde las guerras de independencia y hasta nuestros días, el
Estado colombiano ha sido incompetente para dominar el monopolio de la
violencia y lograr una consolidación de la institucionalidad en todo el
territorio nacional. Por esta razón, la organización del Estado y el
afianzamiento de un proyecto de nación han sido realmente tareas titánicas e
inconclusas, más aun, cuando Colombia se define en su última constitución como
una nación respetuosa de la diversidad cultural, a sabiendas que en la práctica
concreta del ejercicio ciudadano llevamos el rastro de 300 años de
colonización, finalizada por las armas y la sangre de miles de descamisados que
tal vez pensaron que con la independencia las condiciones materiales de
segregación económica, social y racial terminarían.

Pero no fue así. La discriminación
continuó en todos sus órdenes, el cambio solo fue de amos y la construcción del
otro no fue posible por las herencias del proceso de dominación al que habíamos
asistido durante tantos años, la esclavitud se mantuvo hasta 1851 violando la
promesa de los criollos nacionalistas. Estos procesos de exclusión se
reforzaron durante todas las guerras civiles del siglo XIX, encajando
perfectamente con los pensadores de principios del siglo XX, que asumirán como
labor fundamental, complementar la teoría sobre el degeneramiento de la raza y
sociedad colombiana.