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miércoles, 25 de febrero de 2015

ORIGENES, FRACASOS Y PERSPECTIVAS DE LA CÁTEDRA DE ESTUDIOS AFROCOLOMBIANOS: UNA EXPERIENCIA INCONCLUSA EN LA ESCUELA COLOMBIANA.


Dos continentes separados por el Atlántico, el uno poco conocido
de la antigüedad, y el otro ignorado… Es tan estrecho el enlace entre los dos
que es imposible tratar de América, prescindiendo de África.”

Antonio Saco. 


APUNTES CONTEXTUALES 

Por: Yesid González Perdomo
yesidgonzalezperdomo@gmail.com
El Estado colombiano ha demostrado ser incapaz para consolidar los elementos fundamentales de lo que en ciencia política podría constituirse como un Estado moderno, Daniel Pécaut (Pécaut, 2004) critica cómo desde las guerras de independencia y hasta nuestros días, el Estado colombiano ha sido incompetente para dominar el monopolio de la violencia y lograr una consolidación de la institucionalidad en todo el territorio nacional. Por esta razón, la organización del Estado y el afianzamiento de un proyecto de nación han sido realmente tareas titánicas e inconclusas, más aun, cuando Colombia se define en su última constitución como una nación respetuosa de la diversidad cultural, a sabiendas que en la práctica concreta del ejercicio ciudadano llevamos el rastro de 300 años de colonización, finalizada por las armas y la sangre de miles de descamisados que tal vez pensaron que con la independencia las condiciones materiales de segregación económica, social y racial terminarían. 

Pero no fue así. La discriminación continuó en todos sus órdenes, el cambio solo fue de amos y la construcción del otro no fue posible por las herencias del proceso de dominación al que habíamos asistido durante tantos años, la esclavitud se mantuvo hasta 1851 violando la promesa de los criollos nacionalistas. Estos procesos de exclusión se reforzaron durante todas las guerras civiles del siglo XIX, encajando perfectamente con los pensadores de principios del siglo XX, que asumirán como labor fundamental, complementar la teoría sobre el degeneramiento de la raza y sociedad colombiana.
Estos padres de la patria, extrañaban en el fondo la diferenciación por castas de la colonia. Un fuerte pensamiento retrógrado germinó en el país después de múltiples guerras, dando al traste con una regeneración pensada desde la élite conservadora que ganó la guerra de los mil días con la triste pérdida de Panamá. Señores educados y prestantes, manifestaron variadas facetas de lo que denominaban la raza colombiana, predispuesta a unas condiciones físicas débiles y proclives a los vicio.

Jiménez López no solo enunció los signos de degeneración sino que también mostró sus causas y planteó soluciones: el alcoholismo, la miseria, la alimentación y la educación inadecuados debían ser resueltos con acertadas políticas sanitarias, educativas y económicas. No obstante, estas medidas eran paliativos y no respuestas definitivas a una terrible verdad: el menguamiento racial que provocaba el trópico, comprobado por la inexistencia de civilizaciones a través de la historia en climas cálidos, y la existencia de éstas solo en zonas templadas con variaciones estacionales.1 

Como única solución posible, Jiménez López proponía la inmigración masiva de poblaciones europeas como la suiza, belga, holandesa y alemana del sur, consideradas fuertes y laboriosas, que podían transmitir sus cualidades, con el tiempo, a la raza colombiana y revertir el proceso de degeneración colectiva. (Villegas Vélez, 2005, pág. 213)


Aquellos intelectuales y políticos colombianos representaban muy bien el pensamiento excluyente y racista de la sociedad en general de la época, muchos no querían ser lo que eran, trayendo a la memoria la existencia esencial de una negación de lo que somos, persistiendo en una construcción eurocéntrica de lo que debemos ser, siendo incapaces de reconocernos y aceptarnos tal cual, negando constantemente el dialogo con las múltiples raíces que elaboran nuestra compleja sociedad; situación que persiste hasta nuestros días incrustada en la médula espinal colombiana. 

Dentro de esta perspectiva histórica de lo que nos ha construido como colectivo, hombres, mujeres y niños invisibles, iniciaron su fantasmagórica aparición trasgrediendo los límites de esa Colombia criolla, urbanizada y “decente”, cientos de grupos indígenas y afrocolombianos gritaron ¡basta! de la mano del recrudecimiento de la Violencia.2Del mismo modo grupos guerrilleros de primera, segunda y tercera generación3, con exigencias de participación política, redistribución económica y extensión de la ciudadanía, se instalaron por lo ancho y largo del territorio nacional; y entre ellos, los descendientes de los nativos americanos caucanos, esta vez con fusiles, reclamaron sus ancestrales tierras4. 

ETNOEDUCACIÓN COMO RECLAMO 

Este escenario que se desarrolla en medio de una guerra que aún no termina, planteó elementos de análisis desconocidos para desplegar las diferentes políticas públicas en educación, la eclosión de reclamos de todos los sectores excluidos durante siglos, desbordó las prácticas de represión del Estado. El paro cívico de 1977 expresó la voluntad de las mayorías agobiadas por unas condiciones realmente precarias en términos de dignidad humana. Este tipo de exigencias abrió una brecha necesaria en la materialización de los fantasmas antes mencionados, sectores de indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta iniciaron trabajos para que se les reconociera una forma particular de enseñar sus saberes, de la misma manera que se iniciaron investigaciones de Creole San Andresano y Palenquero. (Enciso Patiño, 2004). 

Es así como en algunos acercamientos entre el Ministerio de Educación Nacional y los diferentes procesos de las comunidades indígenas, afrocolombianas y gitanas, permitieron en un primer momento ofrecer docentes bilingües en las comunidades. Sin embargo, cabe anotar, que esos primeros acercamientos se entienden como el punto de partida de lo que en Colombia se conoce como etnoeducación, entendida ésta como “un sistema que constituye un proceso a través del cual los miembros de un pueblo internalizan y construyen conocimientos y valores, y desarrollan habilidades y destrezas de acuerdo con sus características, necesidades, aspiraciones e intereses culturales, que les permiten desempeñarse adecuadamente en su medio y proyectarse con identidad hacia otros grupos humanos” (Castro Suarez, 2009, pág. 361)

Pero el punto de quiebre, aun después de que en 1985 el Ministerio de Educación Nacional creara el programa de etnoeducación (Enciso Patiño, 2004), para el reconocimiento de la diversidad cultural y étnica del país, se da con la constitución de 1991; es allí y después de una asamblea nacional constituyente como fruto de los diálogos de paz con algunas de las guerrillas que aceptaron reintegrarse a la vida civil, que los indígenas, afrocolombianos y gitanos, dejaron, en el papel por lo menos, de ser ciudadanos de segunda clase, ingresaron a la formalidad del Estado que los había negado desde las cúspides de los diferentes gobernantes que representaban los intereses de los poderosos del país. Más de ocho artículos de la nueva Carta Magna reconocieron e impulsaron los derechos de una gran parte de los excluidos, era un primer paso para iniciar el proceso de deconstrucción de lo que éramos como sociedad. 

Uno de los primeros retos que tuvo que sortear el nacimiento de esta nueva visión de educación, fue superar las barreras colocadas por los contratistas de la época que utilizaban y siguen utilizando la escuela como un medio evangelizador. Uno de los elementos que le permitió a las comunidades Afrocolombianas para enfrentar esas vicisitudes, fueron los principios consignados en la ley 70 de 1993; ésta entregaba las tierras baldías ocupadas por las comunidades en una figura de propiedad colectiva, muy parecido a la figura del resguardo indígena, legislación que encolerizó a los grandes terratenientes que acechaban estas agrupaciones, ya que el carácter colectivo de las tierras las hace inalienables , propinándole un golpe certero a la lógica de acumulación capitalista, esto no quiere decir que todas las comunidades negras5 del país en tal condición hayan logrado este objetivo, por el contrario, la ley se hizo cada vez más esquiva en su concreción, sobre todo por la ubicación estratégica de sus territorios, siempre en pugna por los actores armados. 

Inmediatamente después de la promulgación de la nueva constitución y la ley 70, y gracias al fuerte poder de movilización del sindicato de maestros de la época, se pudo concertar con el gobierno nacional una ley general de educación, que respondiera a las nuevas dinámicas que la constitución había puesto en la palestra pública, el fortalecimiento de una educación laica y comprometida con las nuevas ciudadanías, quedó respaldada en el papel, pero la misma le cerró el espacio a los maestros de las diferentes comunidades que no fueran licenciados, obligando la implementación de un currículo con unos contenidos específicos. (Enciso Patiño, 2004) 

Además de esto, un año después, el decreto reglamentario 805 de la ley general de educación, planteó que la etnoeducación se mantendría dividida entre la que recibirían los indígenas y la de los afrocolombianos y raizales, tanto los unos como los otros, culparon a la escuela de despojarlos de un proyecto étnico propio, patrocinando la pérdida de identidad y como consecuencia la desintegración de las comunidades, sin embargo ambas comunidades reconocían la importancia de la misma en la reconstrucción de esos procesos. (Enciso Patiño, 2004) 

NACIMIENTO DE LA CÁTEDRA ESTUDIOS AFROCOLOMBIANOS

La Cátedra de Estudios Afrocolombianos, creada por la Ley 70 de 1993, tiene su concreción con el Decreto 1122 de 1998, que establece su carácter obligatorio en el área de Ciencias Sociales en todos los establecimientos educativos estatales y privados que ofrezcan los niveles de preescolar, básica y media (MINISTERIO DE EDUCACIÓN NACIONAL, 2001). A pesar de esto, en muchos planteles educativos la cátedra de estudios afrocolombianos ha sido interpretada como un proyecto pedagógico que no permite correlacionar e integrar procesos culturales propios de las comunidades negras con experiencias, conocimientos y actitudes generados en las áreas y asignaturas del plan de estudios del respectivo establecimiento educativo, desde una perspectiva de una materia adicional temporal, que tiene su momento de auge en la celebración del día de la afrocolombianidad, decretado por el congreso para el 21 de mayo, como reconocimiento de sus aportes en el desarrollo del país. 

Desde este punto de vista la cátedra tendrá formas distintas de aplicación en los colegios del país, lo que demandará un compromiso institucional de los docentes de ciencias sociales, a quienes en primera medida se les atribuye el desarrollo de la misma, pero la cátedra es clara al establecer que ésta no es solo una actividad o un tema más, sino que debe atravesar el Proyecto Educativo Institucional (PEI), esto requiere de varias condiciones, veamos. 

Primero, una formación universitaria de los docentes que permita una interpretación global de los aportes de las comunidades negras al país, no obstante, es bien conocido por muchos pedagogos, que los planes de estudio de las universidades que ofrecen programas de licenciatura no brindan como cursos obligatorios estudios sobre las comunidades afrocolombianas, cegados por la reproducción de los conocimientos hegemónicos occidentales, con esta formación son muy pocos los maestros y maestras de ciencias sociales que poseen las herramientas conceptuales para desarrollar ya sea una cátedra sobre estudios afrocolombianos o implementar los cambios curriculares en el aula que permitan el estudio de las mismas6. 


Segundo, el compromiso de los directivos docentes en configurar el espíritu de la ley en las diferentes instituciones educativas que lideran. En algunos lugares del país, han contribuido positivamente en la construcción de cátedras afrocolombianas que son significativas para la comunidad educativa, gestionando los recursos necesarios, así como los tiempos requeridos para la implementación de una propuesta seria y académicamente sólida. 

Tercero, un cuerpo docente que se vincule en el proceso de formulación, implementación y mejoramiento de la cátedra, es clave para materializar lo propuesto en las diferentes leyes y decretos reglamentarios, un equipo de maestros comprometidos con el desarrollo de una formación integral de los estudiantes, sin embargo cuando la norma ata a los docentes de ciencias sociales en la construcción y dirección de la cátedra, desobliga a los demás compañeros en las actividades concernientes de la misma, potencializa viejas confrontaciones epistémicas, donde se fragmenta y jerarquiza el conocimiento, la racionalidad occidental hija de la modernidad abandera la división disciplinar que impide una visión integral del mundo y del conocimiento. Esta situación conlleva a que la cátedra no responda a las necesidades de un país atravesado por la indiferencia y la guerra. 

EXPERIENCIAS 

Llegados a este punto, es precisa una aproximación de casos concretos de la ejecución de la Cátedra, así pues, se abordarán en esta sección las experiencias en dos colegios del sector público de la ciudad de Bogotá. El primero implementa la cátedra en la construcción de un currículo aparte del plan de estudios que responde a ciertas particularidades de la institución, la segunda, hace uso de la cátedra atravesando los contenidos obligatorios con los saberes que los docentes consideren pertinentes para el desarrollo de la cátedra. 

La experiencia inicial transcurre frente a la reflexión que se hizo en la institución educativa sobre el nombre del colegio, ya que éste pertenece a una víctima de la violencia política, mencionada anteriormente. Con esa coyuntura, un grupo de docentes se da a la tarea de construir una cátedra que lleve el nombre del líder asesinado, desde una propuesta curricular que pretende recuperar parte de la memoria histórica del país, fomentar en los estudiantes de la institución características que les permitan ser seres críticos, analíticos y responsables frente a las decisiones que deban tomar y asumir en su etapa de estudiantes y su proyección de vida. Sustentados en algunos elementos ejemplares de la vida del sindicalista asesinado, la cátedra se construye en un elemento que depende del nombre del colegio. 

Se constituye así un plan de estudios que deberá ser aplicado desde el primer grado de primaria hasta grado noveno de secundaria, con una intensidad horaria de una hora a la semana, orientada por cualquier docente de la institución, sin importar su interés académico. El currículo creado se divide en 4 secciones o ejes de la siguiente manera: 

 EJE DE IDENTIDAD INSTITUCIONAL

Estará dedicado a toda la información relacionada con la normatividad e historia del colegio, conocimiento del PEI, el manual de convivencia, la vida y obra del personaje por el cual lleva el nombre del colegio, etc. 

 EJE DEMOCRACIA, CONSTITUCIÓN POLÍTICA

Este eje desarrollara las temáticas relacionadas con la conformación del gobierno escolar, la estructura del Estado y la construcción de ciudadanía. 

 EJE DERECHOS HUMANOS

Busca que el cuerpo estudiantil desarrolle sensibilidad y compromiso frente al respeto y defensa de los derechos humanos. 

EJE INTERCULTURALIDAD Y AFROCOLOMBIANIDAD.

Pretende que los estudiantes conceptualicen términos como diversidad, discriminación, interculturalidad, entre otros. 

Como se puede vislumbrar, la cátedra de estudios afrocolombianos se queda en el anexo de otra cátedra que busca construir una identidad institucional alrededor del nombre del colegio, dejando de lado, elementos tan importantes como los aportes que en todos los ámbitos la comunidad negra ha entregado a Colombia, se resumen los propósitos de la cátedra de estudios afrocolombianos en una actividad lúdica en su día, a cargo del profesor afro del colegio o el que más rasgos físicos africanos posea, profundizando aún más un sentido de segregación al que ha estado sometido esta comunidad desde sus primeros días en América. 


En el segundo colegio, los docentes propusieron incluir la cátedra de estudios afrocolombianos en el plan de estudios de la institución, es así como se destinó al área de ciencias sociales para que incluyera dentro de su malla curricular los saberes que pudieran dar cuenta a los principios de la ley 70 y los lineamientos curriculares para la cátedra elaborados por MEN7, se realizaron reuniones de área donde los docentes estuvieron de acuerdo en incluir las temáticas relacionadas con la llegadas de esclavos africanos a América, los palenques y el fin de la esclavitud en Colombia.

El rol desempeñado por la inclusión de la cátedra en el plan de estudios, se resume a una temática histórica que aparece en las clases de ciencias sociales de manera cronológica, no existen discusiones pedagógicas frente al éxito de la misma, ni las actualizaciones curriculares necesarias para que la cátedra pueda ser una realidad. 

A MANERA DE CONCLUSIÓN: DE LA ETNOEDUCACIÓN A LA EDUCACIÓN INTERCULTURAL. 

Las dinámicas actuales de interdependencia global han reconfigurado las formas en que nos relacionamos como sujetos, la explosión tecnológica ha impulsado cambios a una velocidad realmente sorprendente, transacciones económicas en tiempo real, medios de transportes rápidos y efectivos, un sistema financiero especulativo que virtualmente desplaza millones de recursos hacia los países con mejores indicadores económicos, dejando en quiebra países enteros solo en segundos.

De esta forma la educación a nivel mundial ha venido cambiando no tan drásticamente como en otros campos o profesiones, por ejemplo, si un médico del siglo XIX tuviera la oportunidad de ingresar a una sala de cirugía de la actualidad, tal vez no podría realizar su labor, al contrario, si un maestro del mismo siglo llegara a nuestras aulas, encontraría un lugar con una gran similitud, sillas y tablero, los cambios están relacionados más con los medios y herramientas que utilizamos hoy, que con las dinámicas esenciales de nuestra labor; sin embargo, son más evidentes los avances en educación inducidos por la gran industria en beneficio de sus puestos de trabajo, que por los expertos en pedagogía, que luchan por hacer del ámbito escolar una nueva oportunidad para las sociedades.

Desde esta perspectiva, la educación en Colombia ha venido avanzando lentamente, pasando primero por las reivindicaciones de acceso y cobertura, y centrándose ahora en el mejoramiento de la calidad, entendida ésta última no como la posibilidad de promover las habilidades que necesita el sujeto para enfrentar los retos de su contexto y el mundo, sino como la optimización en los resultados de pruebas censales. Desde esta perspectiva puede entenderse porqué los colegios y el mismo MEN, no tienen intención de profundizar en el diseño de mallas curriculares que respondan a la realidad colombiana que no pueden ser medidas por pruebas como PISA.

Este breve recorrido por la implementación de la cátedra de estudios afrocolombianos, nos permite vislumbrar algunas hipótesis para desarrollar en medio del debate pedagógico, la primera tiene que ver con entender que las luchas sociales por la visibilización de un grueso número de la población colombiana, en donde se incluyen obviamente afrocolombianos e indígenas, dio como resultado unas políticas públicas en educación enfocadas hacia la etnoeducación, situación que abrió la primera brecha para sacudir el modelo de educación tradicional confesional que se venía desarrollando en el país avalado por la constitución de 1886 y que se ha venido transformando con la constitución de 1991 y la posterior ley general de educación de 1994.

Las discusiones en torno a lo que se entendía por etnoeducación y la implementación de proyectos universitarios de formación de etnoeducadores, puso en la arena las diferencias entre la educación para indígenas, afrocolombianos, gitanos y raizales, determinando que las particularidades eran tantas, generándose lineamientos propios para cada una de las comunidades en mención, situación que por el largo lapso de exclusión era entendible, y en ese momento histórico, necesario, ya que permitió que las comunidades tuvieran herramientas para la consolidación de proyectos regionales e incluso nacionales que estaban en mora de evidenciarse ante toda la sociedad colombiana. 

De estas luchas por la visibilización y reconocimiento aparece la cátedra de estudios afrocolombianos, después de años de discusiones y reflexiones pedagógicas entre comunidades, pedagogos y funcionarios estatales, era un triunfo para la época poder incluir en todos los colegios del país de manera interdisciplinaria y transversal, los saberes y aportes escondidos e incluso vilipendiados por siglos, había cierto clima de excitación y triunfo, sin embargo cuando la aplicación se inició en los colegios, muchos activistas encontraron más resistencias que puertas abiertas, la cátedra se implementó a rajatabla, se volvió una reivindicación de papel que muy poco incide en las comunidades educativas.

Para finalizar, tanto la etnoeducación y la cátedra de estudios afrocolombianos fueron un avance en la visibilización del otro, pero insuficiente para realizar una construcción dialógica que supere la violencia epistémica incubada desde la colonización. En el caso de la cátedra, se ha limitado a recalcar la herencia afro en elementos culturales como la danza, inviabilizando otros aportes importantes, es decir, que se mantiene la segregación que menoscaba la dignidad de todos aquellos que se ubican en el lugar del otro, no blanco, no occidental, no cristiano, estamos al frente de un real encuentro de comunidades después de más de 500 años de la invasión, hoy tenemos la oportunidad de encontrarnos, que desde mi punto de vista no será desde la etnoeducación o la cátedra de estudios afrocolombianos, sino desde una propuesta de educación intercultural que supere el reconocimiento del otro, por el diálogo y construcción con el otro, que daría lugar a un nosotros que respete las diferencias que siempre nos han enfrentado, una educación que reconozca el contexto y las prácticas locales, sin perder de vista lo mejor que nos ofrece el acumulado cultural de una especie que ha evolucionado por más de un millón de años. 

 
 Notas: 


1 Esta afirmación podría relacionarse con las dinámicas de construcción del otro desde la antigüedad occidental. En el pensamiento aristotélico ya se enunciaba esta condición geográfica como proclive de los bárbaros, luego fue usada durante la conquista como justificación. (Aristoteles, 2005)
2 El término de la Violencia con V mayúscula, se le atribuye a lo que Germán Guzmán, Orlando Fals-Borda y Eduardo Umaña en su libro la Violencia en Colombia, denominaron como el periodo entre la muerte de Jorge Eliecer Gaitán y el inicio del Frente Nacional. (Guzman, Fals Borda, & Umaña, 2001)
3 Los grupos de primera generación son los que se organizaron después de la muerte de Gaitán, los de segunda generación se influenciaron por la revolución cubana y los últimos aparecen con una fuerte influencia de los procesos Salvadoreños y Nicaragüenses.
4 El movimiento guerrillero Manuel Quintín Lame (1984- 1990), se caracterizó por estar integrado por indígenas del sur del país que luchaban por la recuperación de sus tierras ancestrales. 


5 Vale la pena aclarar que empleo este concepto respetando las discusiones que se han dado en torno al mismo, es imposible hablar de lo negro en términos universalistas olvidando el origen múltiple de la migración forzada del pueblo africano a territorios americanos durante la tragedia humana de la esclavitud en nuestro continente.

6 En el caso colombiano podemos remitirnos a varias muestras de ello en diferentes espacios del campo educativo, por ejemplo, las pruebas censales (Prueba SABER 11) en su componente de Competencias Ciudadanas dirige las situaciones problémicas a casos de discriminación; en la Evaluación de ascenso de los docentes del sector público en el área de Ciencias Sociales el grueso de la prueba hace referencia a la historia occidental; en el caso específico de licenciados de Ciencias Sociales el Plan de Estudios responde en su mayoría a la reproducción del discurso único de modernidad; en cuanto al desarrollo de material didáctico, los libros de texto dirigidos a la educación básica incluyen en la mayoría de las ocasiones un capítulo de afrocolombianidad, todas estas situaciones contribuyen a la perpetuación de condiciones de segregación e impiden una postura dialógica.


7 Ministerio de Educación Nacional. 


  
Referencias Bibliográficas 

Aristoteles. (2005). La política. Madrid: Istmo.
Castro Suarez, C. (2009). Estudios sobre educación intercultural en Colombia: tendencias y perspectivas. MEMORIAS. Revista digital de historia y arqueologia desde el caribe., 358 - 375.
Enciso Patiño, P. (2004). Estado del Arte de la Etnoeducación en Colombia con énfasis en política pública. Bogotá: MEN.
Guzman, G., Fals Borda, O., & Umaña, E. (2001). LA violencia en Colombia. Bogotá: Taurus.
MINISTERIO DE EDUCACIÓN NACIONAL. (2001). Lineamientos curriculares cátedra de estudios afrocolombianos. Bogotá: MEN.
Pécaut, D. (11 de 10 de 2004). Memoria imposible, historia imposible, olvido imposible. Recuperado el 16 de 02 de 2015, de http://books.openedition.org/ifea/797?lang=es#ftn1
Villegas Vélez, A. A. (Enero- Junio de 2005). Raza y nación en el pensamiento de Luis Lopez de Mesa: Colombia 1920-1940. Estudios Políticos(26), 209-232



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