![]() |
| William Pulido |
“Profesor usted debería ser más serio y darnos
usted la nota, no estar dejando que nosotros (los estudiantes) hagamos lo que
queramos… mire que cuando el profesor es sério nosotros trabajamos más y
hacemos más caso…”
Al escuchar estas palabras sentí una
gran desilusión, pues en ese momento estaba realizando un consenso con los
estudiantes para establecer los criterios de evaluación de una actividad a
desarrollar, estaba tratando de generar un proceso de “transformación”, entendido como el paso de un modelo tecnológico
preocupado por los objetivos de rendimiento, la eficiencia y los modos
jerárquicos de responsabilidad a otro caracterizado por métodos de totalidad y
conexiones, diversidad y complejidad, relaciones y significado, reflexión e
investigación, colaboración y colegialidad (Rudduck & Flutter, 2007, p. 130).
Luego de esta sorprendente y desmotivante intervención, reaccioné y me pareció que el
reclamo de la joven estudiante respondía solamente al repetitivo y ya viejo rol
del maestro, donde él es el propietario del saber y de la evaluación. Es por tal motivo que me pareció curioso y
motivador, reflexionar sobre el significado que tiene el hecho de dar la voz a
los otros, a los evaluados, analizar sus tenciones y posibilidades; es por eso
que quisiera sintetizar y criticar algunas de las lecturas propuestas bajo el
marco del curso Mediaciones y Evaluación
del Aprendizaje, sobre todo, aquellas que se desarrollaron en la cuarta
sesión.
Para empezar abordaremos el séptimo capitulo del texto La voz de los alumnos y los centros
escolares: El potencial transformador, de los autores de Rudduck y Flutter
(2007), en el cual se menciona que “la educación de masas debe cambiar para que
pueda propiciar la aparición de jóvenes inquisitivos, innovadores y
emprendedores” (p.131). Lo anteriormente citado es sin duda uno de los grandes
objetivos de la educación contemporánea, pues la humanidad necesita más que
nunca de individuos críticos, capaces de entender y comprender las
problemáticas que afectan su comunidad, para enfrentarlos con emprendimiento e
innovación.
Quizás una de las formas de propiciar este cambio educativo es otorgando
la voz a <<los eternamente
silenciados>>, es decir dar la voz a los estudiantes; grupo del cual
todos hablan (padres de familia, profesores, ministros de educación, etc.),
pero al que nunca o en muy pocas
ocasiones se le ha concedido el uso de la palabra, para expresarse sobre su
proceso educativo y sobre todo sobre su evaluación.
Es por tal motivo que la educación y la evaluación de la misma deben
volcarse hacia la pluralización de las voces, que tanto evaluados como
evaluadores sean participes y constructores de verdaderos procesos evaluativos,
para que de esta forma, como lo propone Rudduck & Flutter (2007) podamos
alcanzar un proceso de trasformación, donde los miembros del centro escolar
llegan a valorar la reflexión crítica como medio de aprendizaje y se
comprometan a construir un clima de apertura, confianza y respeto en el que
pueda utilizarse la revisión y experimentarse como un proceso constructivo, en
vez de cómo un latigazo de arriba abajo (p. 131).
Ya habiendo introducido el concepto de “procesos de transformación”, de los
autores J. Rudduck y J. Flutte, y habiendo subrayado la importancia de la
reflexión critica como elemento que permite desarrollar un proceso de aprendizaje
incluyente y participativo, por parte de los estudiantes, nos gustaría citar el
concepto de autoevaluación y evaluación
de los compañeros. Por tal motivo citaremos el texto desarrollado por Brown
y Glasner Evaluar en la Universidad: En
primer lugar, observamos que la autoevaluación arrebata al docente un elemento
de “vigilancia, clasificación, calificación, control y castigo” (Ball citado
por Rudduck & Flutter, 2007, pág. 119) y, a su vez transforma a la
evaluación en un elemento emancipador. Durante años el docente ha tenido la
potestad de escoger, cómo, cuándo y dónde se realiza la evaluación. El
rompimiento de este “dogma” de la educación es trascendental para el
surgimiento de una nueva educación y, para la consolidación de individuos
críticos y emancipados, pues con la autoevaluación el estudiante es quien toma
la autoridad de decir lo que es o no, transformando el rol del docente, pasando
de dictador a guía en la discriminación del conocimiento, lo cual puede ser
crucialmente importante (Brown & Glasner, 2003, pág. 182).
En segundo lugar, la autoevaluación y la evaluación de los compañeros es
un elemento de “reparación” de los derechos de los estudiantes, los cuales han
sido violados en varias ocasiones. Calificamos a la autoevaluación y la
evaluación de los compañeros como reparación, pues ellas reconocen al estudiante
dentro del aula, lo categoriza como individuo que posee unos intereses y unas
necesidades, igualmente reivindica sus derechos pues por primera ves su voz es
tenida en cuanta al momento de configurar su proceso de aprendizaje,
convirtiéndose en pieza fundamental en la consolidación de su educación.
En tercer lugar, los procesos educativos que lleven un buen ejercicio
auto evaluativo y de evaluación por los compañeros, pueden ser más
significativos para los estudiantes, ya que esta forma de evaluación es “más
desafiante que las formas tradicionales de evaluación (…) dado que las razones
para implementarlas eran claras y que los criterios y procesos son generados en
parte por los propios estudiantes” (Brown & Glasner, 2003, p. 197).
Además de lo anterior, para
generar un verdadero cambio en la educación y la evaluación, es importante que
las practicas educativas y evaluativas sean más democráticas, es decir que todos
en la comunidad educativa “han de interesarse por estar incluidos, no marginados, y al
mismo tiempo poder nombrarse diferentes sin tener que someterse a ninguna informalidad
aniquiladora de lo propio” (Bilbeny citado por Cabra, 2010, p. 29). Esta
inclusión y participación de todos en la evaluación y la educación, puede
desarrollar dentro de los estudiantes sus capacidades de tomar los problemas y
visualizarlos desde una perspectiva diferente, novedosa, fortaleciendo su
visión critica, eso si teniendo en cuenta el punto de vista de los otros,
consolidando de esta manera un aprendizaje significativo y duradero para el desarrollo
de su vida (Cabra, 2010, pág. 29).
Además de la democratización y del reconocimiento de la voz del
estudiantado, con la autoevaluación, se observa que la educación deja de ser
lineal e inequitativa y se enfoca en la equidad, la cual “tiene en cuenta la
diversidad de posibilidades en que se encuentran los alumnos y orienta las
decisiones en el ámbito educativo de acuerdo con ellas (Marchesi y Martin,
citado por Cabra, 2010, p. 6)
En suma los cambios profundos al andamiaje de la educación son
verdaderos retos que debemos asumir los educadores, puesto que la educación de
mazas debe tener como objetivo la consolidación de sujetos críticos, capaces de
“despabilarse”, de entender sus contextos sociales y afrontar los problemas que
aquejan su comunidad, pero para que estos sujetos sean críticos y dinámicos,
debemos cambiar primeramente nuestras practicas evaluativas y educativas,
otorgándoles la voz, para que se pronuncien, escojan y se emancipen.
En segunda instancia debemos
soltar ese dispositivo de poder que es la evaluación lineal, que solo opaca y
rebaja al estudiante, desconociendo sus saberes, sus intereses y ese derecho
que posee todo ser humano: el de escoger lo que quiere para su vida. Debemos transformar nuestros roles,
el estudiante debe dejar de ser ese ser pasivo que solo recibe y sigue procesos
y, por nuestra parte los profesores debemos dejar de dictar lo que se debe
aprender y transformarnos en guías, en acompañantes del conocimiento, para que
todos en comunidad podamos construir experiencias ricas en saberes y
aprendizaje.
Sin duda un vuelco en la estructura
evaluativa y educativa son necesarias para lograr esos estudiantes críticos
que, además de resolver problemas, son capaces de escuchar al otro, pues un
buen proceso de autoevaluación aporta estas cualidades y hace que la evaluación
sea más equitativa y desafiante, pues ya no son sus mayores quienes lo evalúan,
serán sus mismos pares…
Como última línea quisiera anotar que hoy en día el cambio de
perspectiva de la evaluación es el camino para la transformación de la educación
y, de paso, luego de haber escrito lo anterior anotar que de toda esta
reflexión se crea una columna para darle base a la respuesta que la estudiante
de aquel día exigiendo una postura conductista por parte mía, necesitaba oír:
necesitamos romper con el silencio de los eternamente
callados.
Bibliografía
Rudduck, J y Flutter, J. (2007) Cómo mejorar tu
centro escolar dando la voz al alumnado. Madrid: Morata. Cap. VI. La voz de los
alumnos y los centros escolares: el potencial transformador
Brown, S y
Glasner, S. (Ed.) (2003) Evaluar en
la Universidad. Problemas y nuevos enfoques. Madrid: Narcea “La autoevaluación
y la evaluación por los compañero
Cabra-Torres, F. (2010) Atención a la
diversidad y prácticas de evaluación en el aula. Revista académica y científica
del Gimnasio Los Andes. Perspectivas en Educación, Noviembre, No. 1. Pp. 27

No hay comentarios.:
Publicar un comentario