Valentina Bernal Loaiza
Licenciatura en Educación Comunitaria
Universidad Pedagógica Nacional
Estamos atravesando un momento de la historia que pareciese poco creíble, de un momento para otro pareciese que nuestras vidas se paralizaran y muy rápidamente tuvieran que adaptarse a una vida virtual, todo el mundo le llama “nueva normalidad”, una nueva normalidad que esta mediada por la tecnología. Media nuestras relaciones personales, académicas, laborales y pasa hacer la única herramienta para mantener nuestros vínculos sociales activos. Una nueva normalidad que rompe con mucho de lo construido y que nos reta como seres humanos y como sociedades.
La actual coyuntura nos ha llevado a darle un nuevo
lugar a la tecnología, un lugar que pareciese indispensable para un
funcionamiento adecuado de la sociedad, lo que demuestra indiscutiblemente,
como la tecnología pasa hacer mucho más que una herramienta y se convierte en
un determinante cultural, en un factor
necesario para la continuidad de la económica, de la cultura, de la convivencia
en medio de una crisis, situación que indiscutiblemente pasara a transformar las
realidades de aquí en adelante. Sin embargo, esto es un tema que será necesario
analizarlo con calma más.
Hoy me emerge la necesidad de hablar y si se quiere problematizar los impactos que ha tenido la llegada rápida y
drástica de la “nueva normalidad” que se rige bajo la tecnologización de
nuestra educación, de nuestro trabajo, de nuestra vida social y de él cambio
que esto genera en el ámbito personal, en donde se evidencian fracturas, pero
también innovaciones que son importantes presentar.
Colombia ha sido un país que avanza lentamente en
términos tecnológicos y esto ha configurado una sociedad con poca capacidad
adaptativa a las tecnologías, y a la cual se le suma una profunda desigualdad
social que trae como efecto la poca accesibilidad a herramientas tecnológicas
en la mayoría del territorio colombiano. Sin embargo, el gobierno nacional y
distintas entidades inician un discurso “innovador” al poner en la mesa el tema
de la educación en casa, del teletrabajo, telecitas y otro tipo de alternativas
que posibilitarían dar continuidad a la vida en medio de la crisis sanitaria,
postura que en definitiva desconoce las condiciones de la sociedad colombiana.
Si bien es necesario reconocer los grandes avances
tecnológicos que se desarrollan en el mundo, y su capacidad de trasformar las
culturas, hoy nos damos cuenta que Colombia no estaba lista para esto, y en
medio de la crisis sanitaria encontramos limitaciones para el acceso a la
educación y para la continuidad de muchos trabajadores y trabajadores que no
cuentan con las herramientas para virtualizar su trabajo o para virtualizar su
educación. Hablar de la tecnología como la nueva forma de organizar la sociedad,
es nuevamente dejar a unos sectores de la sociedad en el olvido, en la
marginalidad y en la pobreza, es posicionar de manera más aguda la desigualdad
social, y las limitaciones para el acceso a los derechos fundamentales que como
ciudadanos y ciudadanas tenemos. La
desigualdad disfrazada ahora de nueva normalidad como elemento fundamental
alrededor de la llegada de la tecnología como mediadora social en Colombia.
Es necesario problematizar el avance tecnológico en
una país como el nuestro, porque muchos de estos avances tecnológicos que se
dan en el mundo y que hoy pretender instaurarse en Colombia, tienden agudizar
muy fuertemente las condiciones de desigualdad, pero sobre todo las cosas
tienden hacernos olvidar que esas desigualdades existen.
Hoy, mientras discutimos alrededor de una mayor
implementación de la tecnología en la universidad o en los colegios, existe un
gran porcentaje de niños, niñas y jóvenes que han quedado totalmente aislados
de la educación. Es necesario hablar del gran avance y el posicionamiento de la
tecnología en el mundo, pero no debemos permitir que esta, se siga convirtiendo
en un factor más de marginación y de exclusión social, es por ello que es más
que necesario re pensarse la tecnología desde otra perspectiva, repensarse la
tecnología desde un punto de vista social y político que nos lleve a
convertirla en un factor realmente favorable para igualdad y la democratización
radical de la sociedad.
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