martes, 23 de junio de 2020

On 6:26:00 p.m. by Gustavo López in , ,    No comments

Valentina Bernal Loaiza

Licenciatura en Educación Comunitaria
Universidad Pedagógica Nacional



Estamos atravesando un momento de la historia que pareciese poco creíble, de un momento para otro pareciese que nuestras vidas se paralizaran y muy rápidamente tuvieran que adaptarse a una vida virtual, todo el mundo le llama “nueva normalidad”, una nueva normalidad que esta mediada por la tecnología. Media nuestras relaciones personales, académicas, laborales y pasa hacer la única herramienta para mantener nuestros vínculos sociales activos. Una nueva normalidad que rompe con mucho de lo construido y que nos reta como seres humanos y como sociedades.

La actual coyuntura nos ha llevado a darle un nuevo lugar a la tecnología, un lugar que pareciese indispensable para un funcionamiento adecuado de la sociedad, lo que demuestra indiscutiblemente, como la tecnología pasa hacer mucho más que una herramienta y se convierte en un determinante cultural,  en un factor necesario para la continuidad de la económica, de la cultura, de la convivencia en medio de una crisis, situación que indiscutiblemente pasara a transformar las realidades de aquí en adelante. Sin embargo, esto es un tema que será necesario analizarlo con calma más.

Hoy me emerge la necesidad de hablar y  si se quiere problematizar  los impactos que ha tenido la llegada rápida y drástica de la “nueva normalidad” que se rige bajo la tecnologización de nuestra educación, de nuestro trabajo, de nuestra vida social y de él cambio que esto genera en el ámbito personal, en donde se evidencian fracturas, pero también innovaciones que son importantes presentar.

Colombia ha sido un país que avanza lentamente en términos tecnológicos y esto ha configurado una sociedad con poca capacidad adaptativa a las tecnologías, y a la cual se le suma una profunda desigualdad social que trae como efecto la poca accesibilidad a herramientas tecnológicas en la mayoría del territorio colombiano. Sin embargo, el gobierno nacional y distintas entidades inician un discurso “innovador” al poner en la mesa el tema de la educación en casa, del teletrabajo, telecitas y otro tipo de alternativas que posibilitarían dar continuidad a la vida en medio de la crisis sanitaria, postura que en definitiva desconoce las condiciones de la sociedad colombiana.
 
Si bien es necesario reconocer los grandes avances tecnológicos que se desarrollan en el mundo, y su capacidad de trasformar las culturas, hoy nos damos cuenta que Colombia no estaba lista para esto, y en medio de la crisis sanitaria encontramos limitaciones para el acceso a la educación y para la continuidad de muchos trabajadores y trabajadores que no cuentan con las herramientas para virtualizar su trabajo o para virtualizar su educación. Hablar de la tecnología como la nueva forma de organizar la sociedad, es nuevamente dejar a unos sectores de la sociedad en el olvido, en la marginalidad y en la pobreza, es posicionar de manera más aguda la desigualdad social, y las limitaciones para el acceso a los derechos fundamentales que como ciudadanos y ciudadanas tenemos.  La desigualdad disfrazada ahora de nueva normalidad como elemento fundamental alrededor de la llegada de la tecnología como mediadora social en Colombia.

Es necesario problematizar el avance tecnológico en una país como el nuestro, porque muchos de estos avances tecnológicos que se dan en el mundo y que hoy pretender instaurarse en Colombia, tienden agudizar muy fuertemente las condiciones de desigualdad, pero sobre todo las cosas tienden hacernos olvidar que esas desigualdades existen.

Hoy, mientras discutimos alrededor de una mayor implementación de la tecnología en la universidad o en los colegios, existe un gran porcentaje de niños, niñas y jóvenes que han quedado totalmente aislados de la educación. Es necesario hablar del gran avance y el posicionamiento de la tecnología en el mundo, pero no debemos permitir que esta, se siga convirtiendo en un factor más de marginación y de exclusión social, es por ello que es más que necesario re pensarse la tecnología desde otra perspectiva, repensarse la tecnología desde un punto de vista social y político que nos lleve a convertirla en un factor realmente favorable para igualdad y la democratización radical de la sociedad.







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