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Tanto los unos como los otros resultan
siendo figuras públicas. Después de unos años de ejercicio docente no es de
extrañar que alguien lo reconozcan en la calle, a veces estudiantes, a veces
acudientes, y de vez en cuando lo saludan personas que después uno se pregunta
¿y aquel de dónde será? Por supuesto todo queda claro cuando le dicen “chao
profe.”
Los actores y actrices y lxs profesorxs
despiertan en el imaginario colectivo la falsa idea de que son personas que
gozan de alto nivel económico y de que no son trabajadores, de que se la ganan
fácil.
Nada más alejado de la realidad. En los
últimos días ha surgido un movimiento de actores y actrices colombianxs que
están dando a conocer sus vicisitudes y reclamando sus derechos, una suerte de
sindicato de actores. Nosotros lxs docentes ya estamos organizados en sindicato
pero eso no ha servido para cambiar el imaginario, no hace parte de la agenda
de los sindicatos.
Sin embargo considero que lo que la gente
se imagina de los profesores es muy importante, por ahí pasa nuestra
legitimidad como trabajadores profesionales, que no nos la ganamos fácil
cuidando o criando niños, que no somos omnipotentes en el colegio, ni tenemos
la responsabilidad de todo lo que pasa y que el colegio no es el patio trasero
de la sociedad.
Tampoco a los actores se les puede odiar
por el personaje que interpretan, que puede despertar rechazos o simpatías,
porque es solo un trabajo.
A los actores y a los profesores nos podría
cobijar el mismo verso (cambiando algunas palabritas) de la sonada canción de
Héctor “la voz”
Yo, soy el cantante
Muy popular donde quiera
Pero cuando el show se acaba
Soy otro humano cualquiera.
Muy popular donde quiera
Pero cuando el show se acaba
Soy otro humano cualquiera.
Por: @clandestinxs

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