Por: Jorge Arturo Parrado Guevara.
Docente.
La educación política en la escuela es el
proceso formativo de seres humanos pensantes, críticos y propositivos. Esto
significa abordar la realidad social y económica desde una mirada integral a
través de diversos discursos, espacios y momentos de la clase donde niños,
niñas y adolescentes empiecen a desarrollar conciencia y sensibilidad frente a
estos temas que afectan considerablemente la calidad de vida de las distintas
comunidades. De esta manera, la escuela cumple un papel fundamental en
despertar el pensamiento y contribuir desde esta perspectiva en la NO
reproducción de la historia, sino en su transformación.
Sin embargo, la escuela
olvida su función social. Al parecer la realidad existente no hace parte del
currículo institucional. Surgen coyunturas que se enmarcan dentro de la desigualdad, la
injusticia, la pobreza y la violación permanente de los Derechos Humanos y la
escuela no se inmuta. Asume un papel indiferente y alejado ante estas
problemáticas. Así, las y los estudiantes crecen en un mundo fantástico y muy probablemente continuarán
reproduciendo la historia y tolerando pasivamente situaciones que vulneran su
dignidad.
La formación política ha
sido tradicionalmente adjudicada al área de Ciencias Sociales. No obstante,
algunas estrategias didácticas adversas y planas han generado en los grupos
estudiantiles tedio y fobia hacia la misma. Pululan en muchas instituciones
educativas prácticas de aula como la memorización de fechas históricas,
accidentes geográficos y el abordaje conceptual de sucesos como eventos y NO
como procesos que aún siguen repercutiendo en la dinámica del país.
Infortunadamente se aprovechan erróneamente estos espacios para adormecer el
pensamiento y no para potencializar la
criticidad, la conciencia social y la creatividad en la infancia y la adolescencia.
En este orden de ideas, la
formación política en la escuela no ha de ser exclusividad del área de Ciencias
Sociales. Al respecto, las demás disciplinas tienen también la misión de coadyuvar
colegiadamente. Por ejemplo, desde Lenguaje es factible dinamizar procesos
significativos tendientes a fortalecer la competencia comunicativa en las y los estudiantes para que aprendan a
dialogar, argumentar, opinar, participar, criticar, cuestionar, refutar y proponer en determinados contextos. Es decir, que
utilicen el lenguaje verbal como herramienta de emancipación y transformación.
Desde otro referente en el
área de Matemáticas es posible orientar los procesos de razonamiento,
modelación, comunicación, planteamiento y resolución de problemas integrando
situaciones económicas locales y regionales que permitan analizar en clase las
condiciones desiguales en materia salarial, los índices de pobreza, el costo de
los productos agrícolas partiendo de su cosecha hasta su comercialización, la
inflación, la canasta familiar, entre otros tópicos. Así, el pensamiento matemático adquiere en el aula
otra connotación y propicia con sus
componentes una comprensión socio-crítica de los fenómenos actuales.
Surge el área de Religión
que ha estado sustentada en metodologías dogmáticas y confesionales que mellan con la libertad de cultos y de
expresión. Actualmente la educación religiosa debe vincularse con los hechos cumbres
que afronta la sociedad. Es primordial vincular la religión con los Derechos
Humanos para que las estudiantes y los
estudiantes comprendan la importancia de construir un mundo más justo y
democrático. Aquí, es vital orientar la clase de religión hacia objetivos como
la no discriminación y la tolerancia entendida como respeto por la diversidad y
NO como sinónimo de sumisión y silencio. Con esta premisa se pasaría de una
educación religiosa adoctrinadora a una
con un enfoque más pluralista.
Si recorremos el área de
Ética es viable decir que es altamente
potencializadora en el entendido de posibilitar en el aula un diálogo
permanente en la escuela sobre la
vivencia o no vivencia de los Derechos Humanos en las regiones y las
implicaciones éticas que denota. Lamentablemente ha estado supeditada a
esquemas convencionales de enseñanza centrados en valores y normas. En la
escuela la educación ética debe asumir un rol más dinámico y apuntar el
desarrollo progresivo de una ciudadanía más protagónica que sirva de insumo en
la formación de hombres y mujeres de derechos.
Bajo esta misma línea
ilustrativa se podría discurrir en las demás áreas. Aquí la acción docente consiste en allanar el
camino pedagógico y aportar desde su desempeño en la consolidación de una formación
política escolar. He ahí el fundamento central que se ampara en la necesidad
constante de buscar alternativas didácticas desde las distintas disciplinas; de
tal forma que sus ejes conceptuales y problémicos se articulen con la realidad latente y promuevan desde este
ángulo una conciencia crítica, social, participativa y propositiva en nuestros
y nuestras estudiantes.
Si la escuela realizara en
forma asertiva esta tarea, contribuiría satisfactoriamente en la promoción de
niños, niñas y jóvenes conscientes de su entorno, sensibles y cuestionadores(as)
de los procesos sociales, económicos y políticos que acontecen en su vereda, en
su pueblo, en su departamento, en su país y en el mundo. Por ende, asumirían
una posición diferente y conceptualizarían que la política es un instrumento
esencial para crear escenarios de participación, liderazgo y transformación
mediante el conocimiento, difusión y exigencia permanente del cumplimiento de
los Derechos Humanos como base única para la gestación de un país más justo,
solidario, libre, igualitario y soberano. De esto se colige que la escuela posee
una responsabilidad que va más allá del cuaderno, del tablero, del salón y es cuando
verdaderamente reivindica su función social.
Todo lo anterior concita a
validar la afirmación de Henry Giroux[1]
en el sentido que es necesario en la escuela “Hacer lo pedagógico más político y lo político más pedagógico”. Es
decir, que las prácticas de aula en cada una de las disciplinas de Básica Primaria, Básica Secundaria y ciclos
complementarios procuren el desarrollo del pensamiento crítico, participativo y
propositivo a través de estrategias didácticas que generen ambientes de
aprendizaje significativos. Esto con el fin que las estudiantes y los
estudiantes comprendan que es posible superar las injusticias económicas, políticas
y sociales existentes mediante acciones reflexivas y críticas. Igualmente para
que puedan inferir y develar las distintas relaciones del poder y cómo éstas
conciben situaciones de dominio, explotación y opresión. Se trata así de
problematizar el conocimiento y fomentar en el entorno escolar una seria
formación política que permee todo el currículo institucional y actúe
favorablemente en la instauración permanente del lenguaje de los Derechos
Humanos como praxis constante de la vida.
Finalmente, si la escuela
desarrolla este tipo de formación los
pueblos se educarían políticamente y elegirían mejor sus gobernantes y
autoridades. Demandarían el cumplimiento oportuno de sus programas, exigirían
colectivamente un comportamiento ético en sus acciones, tejerían lazos de
solidaridad y unidad para defender las libertades y los Derechos Humanos que
les pertenecen, no tolerarían la corrupción y peticionarían la revocatoria por
su proceder negligente y deshonesto. Así mismo, las comunidades serían más
participativas y adquirirían memoria histórica para no apoyar dirigentes de
dudosa reputación y a los herederos del trono de estos que período a período se
reencauchan en familiares, amigos y relacionados con un disfraz diferente;
pero, que en el fondo conservan idénticas posturas corruptas. De este modo,
comprenderían que el poder es del pueblo y para el pueblo. Entonces, deducirían
que la política es para el desarrollo del bienestar común y NO para la
acumulación de riqueza, poder y satisfacción de intereses personales.
Adicionalmente, se constituirían pueblos más progresistas, cuestionadores,
pensantes y edificadores de una sólida esfera democrática, avalada en la acción
reflexiva crítica.
Maestro que favorable seria para las instituciones educativas de Colombia que la educación política se abordara en gran medida como tu la planteas, que la escuela se tomara como la base para la iniciación en la transformación de ciudadanos críticos en todos los ámbitos especialmente los que implican derechos humanos.
ResponderBorrarMe parece que especificas muy claro y de manera concreta como abordar el tema si lo queremos llevar a nuestro currículo.
gracias por tus aportes.