jueves, 28 de agosto de 2014

On 10:08:00 a.m. by Gustavo López in , , , ,    1 comment


Por: Jorge Arturo Parrado Guevara. 
Docente.

La  educación política en la escuela es el proceso formativo de seres humanos pensantes, críticos y propositivos. Esto significa abordar la realidad social y económica desde una mirada integral a través de diversos discursos, espacios y momentos de la clase donde niños, niñas y adolescentes empiecen a desarrollar conciencia y sensibilidad frente a estos temas que afectan considerablemente la calidad de vida de las distintas comunidades. De esta manera, la escuela cumple un papel fundamental en despertar el pensamiento y contribuir desde esta perspectiva en la NO reproducción de la historia, sino en su transformación.
 
Sin embargo, la escuela olvida su función social. Al parecer la realidad existente no hace parte del currículo institucional. Surgen coyunturas  que se enmarcan dentro de la desigualdad, la injusticia, la pobreza y la violación permanente de los Derechos Humanos y la escuela no se inmuta. Asume un papel indiferente y alejado ante estas problemáticas. Así, las y los estudiantes crecen en un mundo  fantástico y muy probablemente continuarán reproduciendo la historia y tolerando pasivamente situaciones que vulneran su dignidad.


La formación política ha sido tradicionalmente adjudicada al área de Ciencias Sociales. No obstante, algunas estrategias didácticas adversas y planas han generado en los grupos estudiantiles tedio y fobia hacia la misma. Pululan en muchas instituciones educativas prácticas de aula como la memorización de fechas históricas, accidentes geográficos y el abordaje conceptual de sucesos como eventos y NO como procesos que aún siguen repercutiendo en la dinámica del país. Infortunadamente se aprovechan erróneamente estos espacios para adormecer el pensamiento  y no para potencializar la criticidad, la conciencia social y la creatividad en la infancia y la adolescencia.

En este orden de ideas, la formación política en la escuela no ha de ser exclusividad del área de Ciencias Sociales. Al respecto, las demás disciplinas tienen también la misión de coadyuvar colegiadamente. Por ejemplo, desde Lenguaje es factible dinamizar procesos significativos tendientes a fortalecer la competencia comunicativa  en las y los estudiantes para que aprendan a dialogar, argumentar, opinar, participar, criticar, cuestionar,  refutar y proponer  en determinados contextos. Es decir, que utilicen el lenguaje verbal como herramienta de emancipación y transformación.

Desde otro referente en el área de Matemáticas es posible orientar los procesos de razonamiento, modelación, comunicación, planteamiento y resolución de problemas integrando situaciones económicas locales y regionales que permitan analizar en clase las condiciones desiguales en materia salarial, los índices de pobreza, el costo de los productos agrícolas partiendo de su cosecha hasta su comercialización, la inflación, la canasta familiar, entre otros tópicos. Así,  el pensamiento matemático adquiere en el aula otra connotación  y propicia con sus componentes una comprensión socio-crítica de los fenómenos actuales.

Surge el área de Religión que ha estado sustentada en metodologías dogmáticas y confesionales  que mellan con la libertad de cultos y de expresión. Actualmente la educación religiosa debe vincularse con los hechos cumbres que afronta la sociedad. Es primordial vincular la religión con los Derechos Humanos  para que las estudiantes y los estudiantes comprendan la importancia de construir un mundo más justo y democrático. Aquí, es vital orientar la clase de religión hacia objetivos como la no discriminación y la tolerancia entendida como respeto por la diversidad y NO como sinónimo de sumisión y silencio. Con esta premisa se pasaría de una educación religiosa adoctrinadora a una  con un enfoque más pluralista.

Si recorremos el área de Ética es viable decir que  es altamente potencializadora en el entendido de posibilitar en el aula un diálogo permanente en la escuela sobre  la vivencia o no vivencia de los Derechos Humanos en las regiones y las implicaciones éticas que denota. Lamentablemente ha estado supeditada a esquemas convencionales de enseñanza centrados en valores y normas. En la escuela la educación ética debe asumir un rol más dinámico y apuntar el desarrollo progresivo de una ciudadanía más protagónica que sirva de insumo en la formación de hombres y mujeres de derechos.
Bajo esta misma línea ilustrativa se podría discurrir en las demás áreas. Aquí  la acción docente consiste en allanar el camino pedagógico y aportar desde su desempeño en la consolidación de una formación política escolar. He ahí el fundamento central que se ampara en la necesidad constante de buscar alternativas didácticas desde las distintas disciplinas; de tal forma que sus ejes conceptuales y problémicos se articulen con  la realidad latente y promuevan desde este ángulo una conciencia crítica, social, participativa y propositiva en nuestros y nuestras estudiantes.

Si la escuela realizara en forma asertiva esta tarea, contribuiría satisfactoriamente en la promoción de niños, niñas y jóvenes conscientes de su entorno, sensibles y cuestionadores(as) de los procesos sociales, económicos y políticos que acontecen en su vereda, en su pueblo, en su departamento, en su país y en el mundo. Por ende, asumirían una posición diferente y conceptualizarían que la política es un instrumento esencial para crear escenarios de participación, liderazgo y transformación mediante el conocimiento, difusión y exigencia permanente del cumplimiento de los Derechos Humanos como base única para la gestación de un país más justo, solidario, libre, igualitario y soberano. De esto se colige que la escuela posee una responsabilidad que va más allá del cuaderno, del tablero, del salón y es cuando verdaderamente reivindica su función social.

Todo lo anterior concita a validar la afirmación de Henry Giroux[1] en el sentido que es necesario en la escuela “Hacer lo pedagógico más político y lo político más pedagógico”. Es decir, que las prácticas de aula en cada una de las disciplinas de  Básica Primaria, Básica Secundaria y ciclos complementarios procuren el desarrollo del pensamiento crítico, participativo y propositivo a través de estrategias didácticas que generen ambientes de aprendizaje significativos. Esto con el fin que las estudiantes y los estudiantes comprendan que es posible superar las injusticias económicas, políticas y sociales existentes mediante acciones reflexivas y críticas. Igualmente para que puedan inferir y develar las distintas relaciones del poder y cómo éstas conciben situaciones de dominio, explotación y opresión. Se trata así de problematizar el conocimiento y fomentar en el entorno escolar una seria formación política que permee todo el currículo institucional y actúe favorablemente en la instauración permanente del lenguaje de los Derechos Humanos como praxis constante de la vida. 

Finalmente, si la escuela desarrolla este tipo de formación  los pueblos se educarían políticamente y elegirían mejor sus gobernantes y autoridades. Demandarían el cumplimiento oportuno de sus programas, exigirían colectivamente un comportamiento ético en sus acciones, tejerían lazos de solidaridad y unidad para defender las libertades y los Derechos Humanos que les pertenecen, no tolerarían la corrupción y peticionarían la revocatoria por su proceder negligente y deshonesto. Así mismo, las comunidades serían más participativas y adquirirían memoria histórica para no apoyar dirigentes de dudosa reputación y a los herederos del trono de estos que período a período se reencauchan en familiares, amigos y relacionados con un disfraz diferente; pero, que en el fondo conservan idénticas posturas corruptas. De este modo, comprenderían que el poder es del pueblo y para el pueblo. Entonces, deducirían que la política es para el desarrollo del bienestar común y NO para la acumulación de riqueza, poder y satisfacción de intereses personales. Adicionalmente, se constituirían pueblos más progresistas, cuestionadores, pensantes y edificadores de una sólida esfera democrática, avalada en la acción reflexiva crítica.



[1] Giroux, Henry.  (1990) Los profesores como intelectuales, Piados: Barcelona.  Pp. 171-178.

1 comentario:

  1. Maestro que favorable seria para las instituciones educativas de Colombia que la educación política se abordara en gran medida como tu la planteas, que la escuela se tomara como la base para la iniciación en la transformación de ciudadanos críticos en todos los ámbitos especialmente los que implican derechos humanos.
    Me parece que especificas muy claro y de manera concreta como abordar el tema si lo queremos llevar a nuestro currículo.
    gracias por tus aportes.

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