jueves, 4 de septiembre de 2014

On 10:29:00 a.m. by Gustavo López in , , , ,    No comments


Angela Ortiz, Docente Bogotá
Durante las últimas décadas, las políticas públicas, los entes gubernamentales, las organizaciones y un sinfín de estamentos han estado orientados hacia la configuración de un sujeto niño como objeto de la educación, la protección, el alimento, la salud , el goce de ambientes escolares, familiares, sociales que permitan su desarrollo integral como futuro de la sociedad y en fin todos los derechos que le han sido otorgados en las leyes, en pocas palabras, la construcción de un prospecto de  “niño sujeto de derechos”.

Es evidente que los niños y las niñas de las clases populares hoy en día son beneficiarios de una “atención asistencialista parcial ” que el Estado pretende brindar con programas, como los comedores comunitarios, las  bibliotecas, la gratuidad de la educación, la asistencia en salud prioritaria, el refrigerio gratuito pero a qué queda reducida esta política asistencial cuando se piensa en un niño sujeto de derechos, sin pensar en que la educación para ellos debe estar
orientada hacia la consecución de una transformación del contexto en el que existe un Estado- Nación que además de pretender garantizar algunos de estos beneficios, también es garante de una sistemática propensión de las  elites a recibir el doble o el triple de beneficios a través del anquilosamiento de un modelo económico que hace a los ricos más ricos y a los pobres más pobres.

¿Se estaría entonces reduciendo el Estado a brindar una “atención asistencialista parcial”  de manera que las  poblaciones llenen algunas de sus necesidades más urgentes sin apuntar a un cambio social estructural?, ¿Cuál es el objetivo de un Estado- Nación  de  formar un sujeto determinado? ¿Es acaso necesario que en la sociedad existan seres que crezcan con la visión de una “recepción integral de beneficios” de un Estado, como salud, educación, alimentación y que crean que esto es el ideal de calidad de vida que deben tener? ¿Por qué? El niño sujeto de derechos pero en estado de pobreza, estaría reduciéndose a ser  un beneficiario que recibe parcialmente pero que carece completamente de una conciencia de estas dinámicas macroeconómicas en el que está envuelto, se halla vivenciando diariamente las indignas realidades sociales en la que se encuentran inmersas las clases populares de nuestra ciudad y nuestro país, estas son su pan diario, conforman  con cada suceso su historia de vida y debe ser  ese contexto al fin, aquel que sirva como vehículo para la concienciación  de los fenómenos políticos y económicos que nos aquejan dentro de este sistema a través de la educación en la escuela y por ende conseguir la  construcción de una nueva realidad,  una transformación de las dinámicas sociales, un niño preparado para construir y transformar, un niño como sujeto político. 

Los niños y las niñas en la primaria, son fuente de creatividad, alegría, entusiasmo, ganas de aprender, jugar y divertirse en la escuela y también son objeto de la enseñanza de hábitos,  valores, competencias mentales y actitudinales, pero dentro de los contenidos curriculares y ese tejido de enseñanzas y elementos formativos, no está realmente implícita la acción concreta de la concienciación a los niños y las niñas de esos aspectos que rigen  los hilos del poder y tampoco de la necesidad de transformación de las realidades que mancillan y golpean a las clases populares de este país. En la escuela muchos de los y las  docentes de primaria encuentran como  limitante  la exacerbada complejidad de la realidad para hacer partícipes a los niños desde la mirada crítica analítica, transformadora y liberadora, estando entonces sometidos a educarse para vivir en carne propia las consternaciones de la sociedad como ciudadanos y ciudadanas abnegados  sin tener la posibilidad de ser transformadores, gestores y reveladores de nuevas propuestas para incidir en su familia, escuela, barrio y comunidad, ciudad y país como verdaderos sujetos políticos. 

Es necesario que el niño dentro de la escuela tenga la oportunidad de aprender a comprender el mundo desde la mirada del constante cambio, sin embargo, el sistema educativo actual lo lleva a ser un sujeto formado en competencias y habilidades para lanzarse al mundo que se supone ya está configurado convirtiéndose en un luchador, pero no para la transformación sino para la supervivencia. 

La importancia de que un niño se forme políticamente desde la edad temprana radica en que en la edad de la creatividad el niño y la niña puede llegar a ser tan hábiles e ingeniosos que  muchas de las propuestas a partir de una toma de conciencia, deben ser escuchadas, construidas y puestas en práctica. 

Las voces, las ideas de los niños, sus pensamientos, sus lecturas deben ser escuchadas a tiempo. En la adolescencia como lo aludiere Carlos Medina Gallego, “ ser joven en nuestra sociedad significa ser raro, peligroso, drogadicto, malviviente, sicario, vago, incapaz…” y también en nuestra sociedad “Los niños son el futuro” , pero si estos niños llegan a su adolescencia y a su juventud carentes de una sentido crítico, de un sentido analítico, activo, de participación, emancipación y transformación llegan a convertirse en la escoria, en la delincuencia y en el pandillismo, en esos sujetos manejados por un sistema y desprovistos de una formación política que no les permite luchar por unos ideales de cambio social, económico y cultural a favor de ellos y de todos de una manera impactante y acertada, sin embargo las voces de inconformismo están  vivas  en contra de esta sociedad y cuyo eco está  impreso en los actos vandálicos, violentos, malversados a los que les están apostando nuestros jóvenes totalmente desorientados de un camino hacia un verdadero cambio social.

ANGELA ORTIZ
DOCENTE BÁSICA PRIMARIA
EDUCADORA POPULAR COLECTIVO LIBREMENTE

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