| Angela Ortiz, Docente Bogotá |
Durante
las últimas décadas, las políticas públicas, los entes gubernamentales, las
organizaciones y un sinfín de estamentos han estado orientados hacia la
configuración de un sujeto niño como objeto de la educación, la protección, el
alimento, la salud , el goce de ambientes escolares, familiares, sociales que
permitan su desarrollo integral como futuro de la sociedad y en fin todos los
derechos que le han sido otorgados en las leyes, en pocas palabras, la
construcción de un prospecto de “niño
sujeto de derechos”.
Es
evidente que los niños y las niñas de las clases populares hoy en día son
beneficiarios de una “atención asistencialista parcial ” que el Estado pretende
brindar con programas, como los comedores comunitarios, las bibliotecas, la gratuidad de la educación, la
asistencia en salud prioritaria, el refrigerio gratuito pero a qué queda
reducida esta política asistencial cuando se piensa en un niño sujeto de
derechos, sin pensar en que la educación para ellos debe estar
orientada hacia
la consecución de una transformación del contexto en el que existe un Estado-
Nación que además de pretender garantizar algunos de estos beneficios, también es
garante de una sistemática propensión de las elites a recibir el doble o el triple de
beneficios a través del anquilosamiento de un modelo económico que hace a los
ricos más ricos y a los pobres más pobres.
¿Se
estaría entonces reduciendo el Estado a brindar una “atención asistencialista
parcial” de manera que las poblaciones llenen algunas de sus necesidades
más urgentes sin apuntar a un cambio social estructural?, ¿Cuál es el objetivo
de un Estado- Nación de formar un sujeto determinado? ¿Es acaso
necesario que en la sociedad existan seres que crezcan con la visión de una “recepción
integral de beneficios” de un Estado, como salud, educación, alimentación y que
crean que esto es el ideal de calidad de vida que deben tener? ¿Por qué? El
niño sujeto de derechos pero en estado de pobreza, estaría reduciéndose a ser un beneficiario que recibe parcialmente pero
que carece completamente de una conciencia de estas dinámicas macroeconómicas en
el que está envuelto, se halla vivenciando diariamente las indignas realidades
sociales en la que se encuentran inmersas las clases populares de nuestra
ciudad y nuestro país, estas son su pan diario, conforman con cada suceso su historia de vida y debe
ser ese contexto al fin, aquel que sirva
como vehículo para la concienciación de
los fenómenos políticos y económicos que nos aquejan dentro de este sistema a
través de la educación en la escuela y por ende conseguir la construcción de una nueva realidad, una transformación de las dinámicas sociales,
un niño preparado para construir y transformar, un niño como sujeto político.
Los
niños y las niñas en la primaria, son fuente de creatividad, alegría,
entusiasmo, ganas de aprender, jugar y divertirse en la escuela y también son
objeto de la enseñanza de hábitos,
valores, competencias mentales y actitudinales, pero dentro de los
contenidos curriculares y ese tejido de enseñanzas y elementos formativos, no
está realmente implícita la acción concreta de la concienciación a los niños y
las niñas de esos aspectos que rigen los
hilos del poder y tampoco de la necesidad de transformación de las realidades
que mancillan y golpean a las clases populares de este país. En la escuela
muchos de los y las docentes de primaria
encuentran como limitante la exacerbada complejidad de la realidad para
hacer partícipes a los niños desde la mirada crítica analítica, transformadora
y liberadora, estando entonces sometidos a educarse para vivir en carne propia
las consternaciones de la sociedad como ciudadanos y ciudadanas abnegados sin tener la posibilidad de ser
transformadores, gestores y reveladores de nuevas propuestas para incidir en su
familia, escuela, barrio y comunidad, ciudad y país como verdaderos sujetos
políticos.
Es
necesario que el niño dentro de la escuela tenga la oportunidad de aprender a
comprender el mundo desde la mirada del constante cambio, sin embargo, el
sistema educativo actual lo lleva a ser un sujeto formado en competencias y
habilidades para lanzarse al mundo que se supone ya está configurado
convirtiéndose en un luchador, pero no para la transformación sino para la
supervivencia.
La
importancia de que un niño se forme políticamente desde la edad temprana radica
en que en la edad de la creatividad el niño y la niña puede llegar a ser tan
hábiles e ingeniosos que muchas de las
propuestas a partir de una toma de conciencia, deben ser escuchadas,
construidas y puestas en práctica.
Las voces, las ideas de los niños, sus
pensamientos, sus lecturas deben ser escuchadas a tiempo. En la adolescencia
como lo aludiere Carlos Medina Gallego, “ ser joven en nuestra sociedad
significa ser raro, peligroso, drogadicto, malviviente, sicario, vago, incapaz…”
y también en nuestra sociedad “Los niños son el futuro” , pero si estos niños
llegan a su adolescencia y a su juventud carentes de una sentido crítico, de un
sentido analítico, activo, de participación, emancipación y transformación
llegan a convertirse en la escoria, en la delincuencia y en el pandillismo, en
esos sujetos manejados por un sistema y desprovistos de una formación política
que no les permite luchar por unos ideales de cambio social, económico y
cultural a favor de ellos y de todos de una manera impactante y acertada, sin
embargo las voces de inconformismo están vivas
en contra de esta sociedad y cuyo eco está impreso en los actos vandálicos, violentos,
malversados a los que les están apostando nuestros jóvenes totalmente
desorientados de un camino hacia un verdadero cambio social.
ANGELA ORTIZ
DOCENTE
BÁSICA PRIMARIA
EDUCADORA
POPULAR COLECTIVO LIBREMENTE
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