viernes, 10 de junio de 2016

On 5:16:00 p.m. by Gustavo López in , , , ,    No comments

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En el transcurso de esta semana, hemos visto como los medios nacionales se llenan con escabrosas imágenes de lo encontrado por las autoridades en los recientes operativos para el desmantelamiento de la tristemente célebre calle de “la L” o del “Bronx”. Allí la esclavitud sexual infantil, casas de tortura y secuestro, oficinas de cobro de extorsión y sicariato, venta de estupefacientes, formas laborales de esclavitud y un sinnúmero de horrores estaban a la orden del día.

Causa curiosidad el repentino interés de los medios de comunicación y las autoridades por desentrañar el horror del Bronx. Historias que no necesitan ni una gota de amarillismo para alimentar las más perversas imaginaciones, desfilan desde el pasado fin de semana por las programaciones de los noticieros, despertando la indignación, el horror y hasta el asco de la audiencia.

Hasta hace dos semanas estas imágenes no hacían meya en la vergüenza colectiva del colombiano. Esto dice mucho de nuestra bien instalada doble moral, pues muchos de nosotros bordeamos estas calles con total indiferencia. Igualmente las autoridades  auspiciaban por acción u omisión que  este espacio fuera del alcance de toda ley, sirviera de mesa de negocios para las mayores   transacciones criminales del Interior del País,  donde confluían no solo jefes y miembros del hampa, sino también Autoridades.


Foto: María Angélica Contreras @mariamiel14



No deja de ser sospechoso que se haya llevado a cabo este operativo, justo cuando en el consejo de la Capital se discutía la aprobación del polémico plan de desarrollo de la administración Peñalosa. Pero aunque esta cortina de humo ha sido efectiva desviando la atención de la opinión pública capitalina, no parece ser la razón más importante para llevar a cabo este operativo.  Hay motivos para creer que lo ocurrido en el Bronx es solo el primer acto de una estrategia de seguridad que  ve en los centros urbanos el nuevo frente de guerra.

La preocupación  sobre la política de seguridad de la ciudad de Bogotá  no es nueva, desde la segunda mitad de la década de los noventa con las administraciones de Mokus y Peñalosa se plantea la necesidad de establecer una acción continua en esta materia. Así fue que del enfoque de cultura ciudadana impulsado por Mockus; incubó lo que posteriormente sería el megaproyecto sectorial de seguridad[1] Que no pararía de desarrollarse en las administraciones venideras.  Concretándose esta política en el plan maestro de  equipamiento en seguridad de la administración de Luis E Garzón y la implementación del plan de seguridad y vigilancia por cuadrantes, estrenado en Bogotá en la administración de Samuel Moreno. Estas estrategias no fueron modificadas sustancialmente por la administración Petro y podría decirse que desde finales de la década de los 90 el presupuesto en este sector no ha parado de crecer, reclamando actualmente más de 195 mil millones de pesos[2] y consolidándose en la actual administración como un sector Prioritario con la creación de la secretaría de seguridad ciudadana[3].

Estos lineamientos de política, si bien responden a necesidades concretas de control y vigilancia sobre la ciudad, no están aisladas del contexto internacional. Ha sido evidente la influencia del paradigma de seguridad de la administración de Rudoph Julianni en Nueva York y los enfoques teóricos que de allí se derivan: política de tolerancia cero con el crimen, higiene de espacios urbanos para evitar el delito y el análisis actuarial del crimen (que consiste en ubicar en la cuidad zonas calientes y detectar poblaciones más “propensas” a infringir la ley).  Esta influencia no solo es evidente en medidas como la limpieza de grafitis o en la ampliación de las facultades de la policía para conducir ciudadanos a detenciones transitorias en las UPJ. Sino también en la creciente implementación de sistemas para la vigilancia e inteligencia  como las cámaras de seguridad o la centralización de las operaciones digitales de la policía en el centro de comando, control, comunicaciones y computo o C4[4], como ocurrió en la administración de Julianni con la creación del COMPSTAT.

Pero Nueva York es muy diferente a Bogotá y de ahí que la diferencia entre el Bronx Bogotano y el Bronx Neoyorquino sea tan abismal. Si bien en Nueva York este vecindario fue estigmatizado entre otras cosas por asuntos raciales, allí la juventud ha protagonizado movimientos culturales y expresiones artísticas (Rap,metal, hard core punk, etc) que han tenido relevancia a nivel mundial. En cambio por lo único que se destaca el Bronx Colombiano es por el sinnúmero de vejaciones, horrores y crímenes que allí se cometían. Aquí  nos damos cuenta que el Estado Colombiano no tiene la misma capacidad de control social que el Estado Norteamericano. Evidenciando La imposibilidad que tiene nuestro Estado  de someter “al imperio de la ley” a sus ciudadanos  y territorios; Como ocurría en la calle del Bronx   en Bogotá, paradójicamente  a contadas cuadras de la casa de Gobierno. Quizás  como recordatorio de que el poder político en este pais siempre ha necesitado de estos espacios de excepción para transar los negocios que ante la ley no son posibles y deshacerse de las evidencias que así lo demuestren, enviándolas por el sifón[5].

Según el arquitecto Carlos Niño, San Victorino ha sido un punto comercial estratégico por su ubicación sobre el eje de la calle 13. Punto que históricamente es el que mayor movimiento de dinero y mercancías por su conexión de salida al norte de Colombia hacia Cartagena; de allí que sitios como la calle del cartucho y el Bronx siempre hayan girado sobre este eje.  Sin embargo las dinámicas de transformación de la ciudad en proceso de neo liberalización entran en contradicción con estos espacios. Es una tendencia generalizada del capital financiero-inmobiliario copar los núcleos de las ciudades como oportunidad de renta y control territorial. Permitiendo altos niveles de  acumulación de capital y una mayor regulación de los flujos de mercancías y fuerza de trabajo.  El plan centro ampliado presentado en el año 2013 por la administración Petro, estimula la reorganización del centro con construcciones de altura y  re densificación; Esta tendencia no es única en Bogotá y  de hecho ya se viene desarrollando en otras grandes capitales desde principios de este siglo, se le conoce como  Gentrificacion[1] , que no es otra cosa que recuperar sectores antiguos y deprimidos de la cuidad para que puedan ser núcleos de acumulación  (legal) del capital financiero.

Foto: María Angélica Contreras @mariamiel14
 En este contexto el Bronx era un lugar que inevitablemente dejaría de existir, esto no quiere decir que las transacciones que allí se daban hayan desaparecido.  De lo contrario los titulares de prensa estarían  colmados de capturas de capos y miembros de la policía metropolitana de Bogotá, autoridades nacionales y distritales. No es un misterio para nadie  la complicidad de algunos agentes oficiales  en la proliferación de espacios como el bronx,  de allí que el personal usado en los operativos proviniera de unidades de otras regiones para evitar filtraciones de información a la mafia. Aunque estos nexos no son claros y ni los grandes medios de comunicación ni la rama judicial parecen muy prestos a aclararlos, Lo que sí es evidente es que para producir una acumulación formal de capital y la apreciada “Gobernabilidad ciudadana”, lugares como el Bronx no pueden existir en el centro.

El desafío de controlar territorialmente zonas deprimidas y/o conflictivas en  Bogotá no solamente se supera ocupando los espacios con fuerza armada, también implica todo un despliegue institucional para garantizar que habrá una presencia permanente del ambiente en las zonas recuperadas. En el caso específico del Bronx más allá de las duchas, la comida,  el alojamiento transitorio y los cuidados médicos de emergencia. Es importante implementar estrategias terapéuticas, pedagógicas y ocupacionales para garantizar la rehabilitación de la mayor cantidad posible de habitantes de calle, tarea que no es nada fácil en vista de las altas tasas de deserción que presentan estos programas.
Sin embargo esta labor  no parece de gran interés para el Gobierno distrital actual, específicamente para su secretaria de integración social, Consuelo Araujo quien ha sido la gran ausente. Realmente de lo último que hemos sabemos de “la Conchi” es sobre los polémicos contratos de alimentación escolar que empresas de la familia Araujo Noguera  tiene en Valledupar y Cesar[1];  donde a los niños se les da de refrigerio  una foto de un patacón con carne[2]. En este orden de ideas causa curiosidad si esta secretaria adoptará la propuesta del concejal  Pedro Santisteban de alimentar a los habitantes de calle con palomas[3], seguramente su ausencia en el Bronx se debe a estar ocupada pensando en cómo inducir a su  familia al negocio de la colombicultura[4].


Por otro lado si ha estado muy activa  la recientemente creada secretaría de seguridad, en cabeza de Daniel Mejía. Quien desde el principio anuncio su intención de intervenir los puntos calientes de la cuidad y  atacar a la delincuencia organizada. Los retos en seguridad no han cambiado, pero si las estrategias, pues el actual secretario se muestra muy interesado en implementar de lleno una estrategia importada desde Brasil  basada en el modelo de Unidades de Policía Pacificadora o UPP.

En teoría estos batallones de pacificación son unidades policiales que realizan acciones cívico-militares de control y consolidación del orden público en barriadas (favelas) donde se ha detectado una fuerte presencia de grupos de crimen organizado. Estas ocupaciones se realizan luego de intervenciones armadas de batallones tácticos o de operaciones especiales, que neutralizan las redes de apoyo a las bandas y  su poder financiero y armado.  Este modelo de pacificación se viene implementando desde el año 2004 en Rio de Janeiro  y a pesar de su amplio éxito en la reducción de los índices de criminalidad en estos barrios, ha recibido varias críticas por lo que significa tener un ejército de ocupación como forma de contener las demandas sociales de las poblaciones que habitan estos sectores “problemáticos”.  Por otro lado este tipo de intervenciones se fundamentan en generar redes de apoyo estrechas entre la fuerza pública y la ciudadanía. Esto implica extender redes de inteligencia por medio de líneas de delación,  retenes y puntos de control militarizados en los barrios, implementación de toques de queda y delegación en la policía de facultades de resolución de conflictos y gestión de justicia en la comunidad[5].


Foto: María Angélica Contreras @mariamiel14
En el caso del Bronx ya vemos que se habla de demoliciones y militarización transitoria del espacio. Sin embargo ya se ha declarado por parte de la administración la guerra frontal por recuperar la ciudad del poder de las mafias empoderadas en las llamadas “ollas”. Hasta ahora la única estrategia que hemos visto en el Bronx es una típicamente táctica-militar ¿pretende entrar la policía de la misma manera a las ollas ubicadas en sectores más populosos como  Suba o Kennedy? ¿Qué medidas a parte de tumbar puertas con tanquetas y demoler barrios propone la alcaldía como plan de choque contra las condiciones de marginalidad que promueven la existencia de estas ollas? Hasta ahora parece que Peñalosa pretende acabar las ollas acabando los barrios donde están ubicadas, parece que su manera de eliminar la pobreza es eliminando a los pobres.

Aunque la implementación de este modelo aún está en evaluación, proyectos como la reforma al código de policía, el importante presupuesto al sector seguridad y la pretendida ampliación de pie de fuerza de la MEBOG. Evidencian una tendencia de esta administración a fortalecer la militarización de la ciudadanía Bogotana. Sin embargo nos preguntamos ¿será la misma policía metropolitana  que se hizo de la vista con el Bronx la que ahora va a encabezar la estrategia para acabar con las ollas de la ciudad?, ¿Dónde está la responsabilidad política de esta institución luego de los numerosos casos de complicidad con ollas alrededor de todo Bogotá?, ¿Por qué los medios de comunicación solo se centran en la porno-mísera y amarillismo de las ollas y no en desentrañar las redes de apoyo que les dieron cabida en Bogotá?

Revblenado seguirá informando

[1]Informe de noticias UNO: “Empresa de los Araujo Noguera a la que se le quitó dos contratos de alimentación, ganó la licitación” 17-01-2016:https://www.youtube.com/watch?v=CkZYI–I97c
[2] http://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/refrigerio-escolar-en-aguachica-causa-indignacion/16550330
[3] Informe de RCN Radio: http://www.rcnradio.com/locales/bogota/polemica-propuesta-alimentar-habitantes-calle-disminuir-poblacion-palomas-bogota/
[4] Cría de palomas.
[5] ver: Corruption and the paradox of the UPP in Rocinha and Rio de Janeirohttp://1mundoreal.org/corruption-and-the-paradox-of-the-upp-in-rocinha-and-rio-de-janeiro-2
[1] http://i.letrada.co/n23/articulo/santa-nerda/140/gentrificacion-el-monstruo-debajo-de-la-cama
[1] Ver:(según el Plan de Desarrollo Económico Social y de Obras Públicas para Santa Fe de Bogotá, D.C., 1995 – 1998),(
[2]Ver: http://www.eltiempo.com/bogota/inversion-en-seguridad-en-bogota/14399015
[3]Ver: http://www.elespectador.com/noticias/bogota/secretaria-de-seguridad-de-bogota-una-realidad-articulo-621720
[4] http://www.eltiempo.com/bogota/centro-de-comando-control-comunicaciones-y-computo/16588369. En la administración de Rudolph Julliani en Nueva York se evidenciaron también la proliferación de sistemas de vigilancia y la centralización del comando de las fuerzas de seguridad en el COMPSTAT.
[5] http://www.revistaarcadia.com/noticias/articulo/el-bronx-cartucho-carlos-nino-renovacion-urbana-historia-de-la-zona/49036

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