viernes, 8 de noviembre de 2013

On 2:15:00 p.m. by Gustavo López   No comments
Gustavo  López, Sandra Mallama, Wiliam Pulido
Presentación
 El presente ensayo, es el resultado del recorrido académico realizado en el transcurso de la cátedra de Problemas educativos de la maestría en educación de la Pontificia Universidad Javeriana, que nos ha permitido abordar el tema de la educación desde distintas ópticas, y que desde distintas categorías de análisis permitió la reflexión a partir de distintos enfoques, ahora bien, nos centraremos en este texto en analizar; más bien problematizar,  un tema concerniente al ámbito educativo desde tres (3) de las categorías abordadas en el transcurso de la Cátedra, a saber: 1. ¿Es la Educación fabricación?, cuales son las posibilidades para pensar el campo de Educación y las nuevas subjetividades;  2.  desde los Nuevos Procesos Culturales: Subjetividades Juveniles.  3. Desde el análisis de los  Modos de subjetivación: Normas para el parque humano. Todo lo anterior en relación con categorías como el capitalismo y la producción de la subjetividad en la educación y bordeando el asunto,  o atravesado por el concepto de  Modernidad, Globalización y Cultura.

EDUCACIÓN: ¿PUEDE APORTAR  EN UN PROCESO EMANCIPADOR Y  DE REINCORPORACIÓN DE LOS SUJETOS EN SITUACIÓN DE RECLUSIÓN PENITENCIARIA?

A lo largo del curso y de nuestros trabajos, hemos abordado a la educación desde nuestro enfoque, como una manera de subjetivación del individuo para que sea un ser humano integral, es decir, que desde sus primeros años sea reflexivo, activo socialmente, productivo, generador de nuevas realidades desde y hacia los procesos culturales y juveniles,  que permitan el desarrollo de la
humanidad, así realizamos propuestas centradas en el rol del docente enfocándonos en este como maestro reflexivo,  actor  activo y generador de nuevas subjetividades frente a los distintos procesos de globalización en un marco del capitalismo al cual hacemos constante critica. También nos hemos interesado, (al igual que se hará en este escrito),  por el entendimiento,  la comprensión e incorporación de una mirada emancipadora, planteándonos la pregunta por el papel de la educación en distintos ámbitos, sus posibilidades como campo de conocimiento y de configuración de nuevas subjetividades y   por supuesto por su aporte a la sociedad y porque no del país.
Para ello ha sido imperativo tener presente elementos tan importantes como los que aborda Hanna Arendt,  que aunque no tratada directamente en el curso, si ha influido nuestra reflexión frente a los problemas educativos, entre ellos el reconocimiento del otro, la alteridad, de la educación como nacimiento, como creatividad y acción, de igual forma los aportes conceptuales de Michel Foucault, Carlos Feixa, Jorge Martínez entre otros, reflexiones que nos llevaron a crear propuestas como la del “Currículo Bomba productor de multitud”.
A lo largo de este curso hemos abordado diferentes problemas en el campo educativo, esto nos hace girar nuestra mirada en esta ocasión,   hacia el ámbito penitenciario, es decir no hemos inclinado por preguntarnos cuál  es el  papel o el rol de la educación en el proceso de resocialización de la personas en condición de reclusión penitenciaria, en línea con la idea en la cual  pensamos, que la educación  es posibilidad de un nuevo nacimiento y que la educación es posibilidad del surgimiento, la emergencia del otro en su total alteridad; la emergencia del otro,  tanto de víctimas y de victimarios. También en concordancia con la fuerte convicción en la que consideramos como la educación es sin duda una salida viable y urgente a los procesos de criminalización en la que transita la sociedad colombiana y que esta,   puede ser generadora de  una transformación, como  apoyo fundamental y trascendental  de los procesos de resocialización, de reintegración de quienes ya habitan hoy las penitenciarías colombianas.
Pero la tarea no es fácil, pues de los tantos problemas que para educación podemos ubicar, del innumerable numero de problemas que puedan existir de interés para este ámbito, este, el del sujeto criminal,  el  problema de su re-inserción en la sociedad es de los más complejos, pues supone inicialmente la derrota o la ausencia de un proceso educativo en estas personas,  al tiempo que pone sobre la mesa la pregunta por el ¿cómo? El ¿cómo hacer que el proceso que un sujeto criminal que vive al interior de una penitenciaria,  sea un proceso educativo que permita su resocialización y posterior reincorporación (en los casos que amerita) a la sociedad de la cual se ha apartado?
Es por eso que este artículo se planteará por lo menos develar algunas de esas dificultades para poner en el escenario educativo la discusión y el debate al respecto. Por lo tanto no es una propuesta sino una problematización para que sea discutida y analizada por todos.



EL CRIMINAL Y EL AMBITO PENITENCIARIO.
Debemos comenzar por quien es el protagonista fundamental de una educación resocializadora, emancipadora, este es el criminal: sujeto que ha cometido algún delito, crimen y que ha atentado contra las leyes de tal forma que ha generado un daño de tipo especifico a la sociedad, estos son físicos, económicos, estructurales, emocionales, es quien es habitante de la penitenciaria, sujeto de control de un sistema diseñado para contrarrestar el delito, para hacer pagar por los errores cometidos por quienes no han podido adaptarse plenamente a la sociedad.
En este sentido señala Eirini Grigoriadou a propósito de lo que es el criminal para la sociedad, en su texto “Michel Foucault: sobre el cuerpo criminal y las ciencias sociales. El criminal en los archivos fotográficos”, (2011).

“La amenaza que la burguesía veía en el rostro del Otro, se traducía en términos de una “patología urbana” en el sentido de que la salud y por consiguiente el orden de la sociedad estaba en peligro; algo que como explica el historiador Louis Chevalier, este síntoma patológico se originó “cuando comenzó la epidemia de cólera en 1832, el primer pensamiento de la gente era las prisiones (…) porque las prisiones eran consideradas como las primeras fuentes de infección”. La clase peligrosa constituía una sociedad diferente, apartada de su ‘otro’ yo. La oscuridad, la miseria, la enfermedad correspondía al crimen, a la violencia, a la prostitución y para la burguesía el ‘miedo’ hacia esta clase “salvaje”, hacia el desorden social, garantizaba la defensa de sus bienes y su diferenciación. En este ambiente patológico, la ciencia de la estadística desarrollada en la primera mitad del siglo XIX, la ciencia que “reconoce y mide la desigualdad”, fue la que describió “las bases biológicas de la historia social”. El estadista “simplemente respondía a la preocupación general de la gente que consideraba el crimen como la expresión de una sociedad enferma”. Era la propia sociedad que se sentía amenazada, pero no por el hombre criminal que rompe la ley, sino por la “clase peligrosa”. La sociedad penal que definía el hombre criminal como alguien que infringe la ley se ve sustituida por la sociedad disciplinaria cuya función es examinar y corregir su comportamiento. De este modo los aparatos
disciplinarios o más bien esta nueva “anatomía política del cuerpo” se encargará a corregir la desviación del sujeto, proporcionando el control social. (Pág. 43)

Lo que es fundamental en la disciplina es esta economía de poder – la gran invención de la sociedad burguesa y el instrumento del capitalismo industrial. No es la exclusión del criminal que subyace en los intereses de la sociedad burguesa, sino los propios mecanismos, los procedimientos y las técnicas que conducen a dicha exclusión. (Pág. 45)
El criminal es pues ese otro que la sociedad capitalista a puesto en un escenario de control, en un escenario de la disciplina, donde el control es el fin último de la diferenciación en una sociedad que puede juzgar que está bien y que no,  y que tiene como controlar los aspectos de la vida, este es un tipo claro de bio-poder ejercido en la forma de panóptico; elemento utilizado por Foucault y Deleuze para clarificar la idea en la que se ejerce el poder: que no solo se da en el escenario aquí propuesto.
Recordemos que el panóptico es:
Forma arquitectónica que permite un tipo de poder del espíritu sobre el espíritu, una especie de institución que vale tanto para las escuelas como para los hospitales, las prisiones, los reformatorios, los hospicios o las fábricas. El panóptico era un sitio en forma de anillo en medio del cual había un patio con una torre en el centro. El anillo estaba dividido en pequeñas celdas que daban al interior y al exterior y en cada una de esas pequeñas celdas había, según los objetivos de la institución, un niño aprendiendo a escribir, un obrero trabajando, un prisionero expiando sus culpas, un loco actualizando su locura, etc. En la torre central había un vigilante y como cada celda daba al mismo tiempo al exterior y al interior, la mirada del vigilante podía atravesar toda la celda; en ella no había ningún punto de sombra y, por consiguiente, todo lo que el individuo hacía estaba expuesto a la mirada de un vigilante que observaba a través de persianas, postigos semi-cerrados, de tal modo que podía ver todo sin que nadie, a su vez, pudiera verlo”. (Foucault, Michel Vigilar Y Castiga, P. 208.)
Esta idea nos sumerge en el otro elemento, que es la prisión, la penitenciaria, digámoslo así el ambiente de aprendizaje donde el criminal podrá resocializarse y donde la educación cumplirá su carácter de emancipador,  que aunque no literalmente como lo señala Foucault,  es el lugar donde el criminal se encuentra “expiando sus culpas”,  es el lugar donde el control es ejercido para: 1. Hacer que los prisioneros se arrepientan, pensando en el momento de obtener la libertad no vuelvan a actuar de la misma forma. 2. Es el lugar donde se intentara subjetivar a los sujetos desde la disciplina y el control.
El criminal por lo tanto, visto así supone un cambio, supone una trasformación en tanto sujeto disciplinario se convierte tras la intervención de la prisión.
Sin embargo el caso colombiano aunque en la misma lógica pretende ese control, surge la pregunta si ese control es realmente ejercido por quien detenta el poder de encerrar a esas personas en este caso el Estado, o es el criminal quien utiliza ahora la prisión como espacio para reafirmar su actividad criminal, hacer curso y carrera en la criminalidad,  por tanto ser un sujeto cada vez menos propenso a vivir en la sociedad que lo confina.
Pero ¿porque en Colombia es tan alto el índice de presos que hace que las prisiones este sin cupo para tenerlos, sobrepobladas, con condiciones indignas y poco propicias para la resocialización pero si para una mayor criminalidad?  ¿Por qué hay tanto delincuente, tanto homicida,  corrupto,  violador o similar, propenso a seguir llenando las cárceles colombianas?
¿Sera este a caso un problema que debe ser atendido por la educación? Nosotros creemos que es falta o ausencia de un sistema educativo amplio, incluyente, con acceso a todos los espacios, enfocado en aquellos sectores más deprimidos de la sociedad,  y que esa ausencia es debida principalmente a un modelo que sin reconocerlo y con la máscara de la igualdad, lo que hace y permite en la práctica es la desigualdad, la concentración,  donde la pobreza, la ignorancia, la falta de oportunidades para unos sectores de la sociedad son necesarias para garantizar la diferenciación de quienes detentan el poder y quienes deben trabajar para mantenerlos en el.
Así el capitalismo es clave en un esquema de sociedad de control, generador de violencia social, violencia que deriva y muta en muchos casos en violencia organizada, violencia criminal, estas como expresiones ultra radicales de una sociedad de consumo desenfrenada. En ese sentido el criminal y la cárcel parecen ser más necesarios para un sistema económico y político como el que se vive en el capitalismo. La educación no es tan importante así vista, es mejor así construir cárceles, mas cárceles para tener mas y mas presos, no es tan importante así construir o invertir en la universidad, en escuelas, en oportunidades, en cultura, en arte. 
Esa es la mágica solución al problema que ya desbordo todo precedente, ante el hacinamiento y la superpoblación, mas cárceles. Pero el foco, el origen de donde la criminalidad nace sigue igual. Sin embargo el criminal no solo es quien no posee educación, sino de algunos que teniéndola aprovechan su  saber como elemento de poder. En conclusión, en Colombia, la prisión no representa una posibilidad en su mayoría de resocialización, no representa posibilidad de cambio, y menos de transformación de una realidad que va en aumento. La violencia, el crimen como forma de vida.  La educación por tanto tiene serios problemas para acceder a ese espacio, serios problemas para abordar esta situación y además poco interés de las instituciones que conforman el sistema penitenciario nacional.
Aun así,  existiendo el criminal y la cárcel, existiendo todos estos problemas, las dificultades para que la educación intervenga como elemento emancipador, pensamos que la educación es una posibilidad de actuación para  encontrarse con esa alteridad, que muchos reprochamos por obvias razones,  pero que son parte de la sociedad. El asunto como ya se ha dicho es como hacerlo.
LA EDUCACION Y SUS POSBILIDADES FRENTE AL AMBITO PENITENCIARIO Y EL CRIMINAL.
Ya que consideramos la educación como fundamental para aportar al proceso de resocialización del, criminal, del preso,  entonces debemos plantearnos alternativas para hacerlo. Para ello nos detendremos y basaremos en una postura de Educación emancipadora desde Rancière con su Maestro Ignorante y Freire en su Pedagogía del Oprimido.
La propuesta del Rancière (Rancière, 2002), nos ha develado que el ser humano es intrínsecamente lógico, reflexivo y curioso, además nos alienta en creer en el espíritu humano que es capaz de aprender lo que se proponga, solo falta el interés y la voluntad para ello, vimos también que su propuesta no se puede aplicar al sistema socio-económico dominante; sin embargo, ¿será posible que su propuesta pueda florecer en un ambiente donde los individuos se encuentran encerrados por una sociedad de control y como sujetos disciplinarios, o para quienes ven en la cárcel una posibilidad de ampliar su conocimiento en la criminalidad?
Tal vez es este el escenario propicio para que ellos alcancen su liberación intelectual y espiritual,
¿Entonces la salida puede ser, construir más y mejores cárceles con más espacios educativos propicios y etc. con un programa educativo mas claro, un currículo bien definido hacia la resocialización,  para lograr que estas personas se inserten de nuevo productivamente en la sociedad? O,  será más bien invertir en prevención, a través de fortalecer los programas de incentivos al deporte, la cultura, la academia, el primer empleo etc., que impulse y procure que los jóvenes se vinculen a aspectos más positivos, sumado a un proceso de reestructuración carcelaria necesaria y la implementación de programas educativos propicios para estos ambientes? ¿A que estamos dispuestos como sociedad?, a la opción de seguir generando espacios físicos para los delincuentes que esperamos que aparezcan en el futuro.
Estas opciones  ¿cuánto valen, cual es su costo social, económico, político? ¿El  proceso resocializador, en ultimas el trato  con todos los presos debe ser el mismo, asumir de igual forma al preso político, al homicida, al guerrillero, el paramilitar, al violador, al corrupto? Entonces en esas alternativas cual es papel de la educación, como lograr desde ella emancipación? O ¿La educación podría verse en sentido positivo, pero algo más idealista o utópico, que permita resocializar a los reclusos, o más bien la educación puede ser vista como un escenario de “profesionalización” de la delincuencia? Esas y mucha preguntas más surgen al pensar en ese proceso.
Sin embargo es cierto que como Ranciere no hace saber desde un enfoque del aprendizaje y no de la enseñanza, hay casos en los que por voluntad, por refuerzo y sacrificio de algún recluso arrepentido, ha logrado procesos educativos admirables y efectivos en términos de resocialización que no necesariamente al ser la excepción dependen o han sido fruto de un sistema educativo penitenciario escaso,  diseñado e implementado para tal fin.
A propósito de eso, propuestas han existido, como por ejemplo la de introducir  la educación técnica, y profesional,  programas de culminación de bachillerato. En Colombia se ha intentado  a través de los Programas de educación ofertados por el Sistema Nacional Penitenciario los cuales  son: Educación primaria, secundaria y media (por ciclos), validación del bachillerato, programas para presentar las pruebas ICFES y programas de educación superior[1].
Para promover la educación dentro de las instituciones carcelarias, en Colombia se estipula que la educación, como el trabajo, puede ser un medio de reducción de pena y de resocialización del sujeto; para ello permite realizar convenios o establecer relaciones de apoyo con las instituciones de educación superior o instituciones de educación a distancia, para crear programas académicos que cumplan con las exigencias del ICFES, los cuales tienen como finalidad el alcance de un titulo como bachiller, como técnico o como profesional. Todos estos programas siguen la normatividad de la Ley general de educación 115 de 1994 y se enfocan en el decreto 3011 de diciembre 19 de 1997 (educación para la población adulta).
Para el Estado aparentemente la educación es importante  porque “La educación al igual que el trabajo constituye la base fundamental de la resocialización. En las penitenciarías y cárceles de Distrito Judicial habrá centros educativos para el desarrollo de programas de educación permanentes, como medio de instrucción o tratamiento penitenciario, que podrán ir desde la alfabetización hasta programas de instrucción superior. La educación impartida deberá tener en cuenta los métodos pedagógicos propios del Sistema Penitenciario, el cual enseñará y afirmará en el interno, el conocimiento y respeto de los valores humanos, de las instituciones públicas y sociales, de las leyes y normas de convivencia ciudadana y el desarrollo de su sentido moral” (Tomado de Nelly Blanca 2005).
Esto se lee y se ve muy interesante, muy oportuno y muy acertado, pero en las condiciones actuales de las penitenciarías colombianas ¿es posible?
Desde Ranciere y desde Freire la intención es pues que estas personas antes, de que logren su libertad física, puesto que, la emancipación aquí propuesta, quiere hacer de ellos, personas capaces de pensarse a sí mismas, deseosas de romper los lazos a los que están atados y que los mantienen en su propia miseria, se trata de mostrarles una manera diferente de concebirse a sí mismos, de despertar el letargo mental en que la sociedad los ha colocado, tal vez siendo los “menos inteligentes”, los culpables, los incapaces de adaptarse frente a los “iluminados del conocimiento”, quienes de alguna forma somos fieles seguidores de esa sociedad de control.
Surge así, la necesidad del maestro emancipador que anime a sus estudiantes a pensar, a creer en sus capacidades, a ir más allá de la oscuridad de la que se ven rodeados y que sean capaces de reconocer al otro y a sí mismos, como verdaderos seres humanos. Este maestro, será el encargado de avivar la sed por el conocimiento y hacerles ver la potencialidad del espíritu humano. ¿Pero cómo puede insertarse en ese mundo un maestro capaz de lograr eso, mas en una situación donde las posibilidades educativas son casi nulas?
El maestro, los maestros y quienes hacemos parte del mundo educativo  debemos lograr la creación de espacios que  permitan la consolidación de nuevas subjetividades, espacios educativos propicios para la transformación de estos sujetos en nuevos sujetos, llevando a los reclusos a una reinterpretación de la realidad, como lo afirma Reguillo, citada por Martínez (2010) “desafiando los modos tradicionales e históricamente construidos a través de los cuales ha sido pensado el problema de la representación en el espacio público, la organización social y la participación que acompaña a la definición del ciudadano” (P 107). Es decir espacios que permitan una nueva aplicación de la participación y de la ciudadanía.
De la misma manera debe respetar la forma en que la inteligencia se manifiesta en la mente de cada recluso, independientemente de lo que el maestro desea que ella produzca y de lo que la sociedad espera, tal y como lo afirma Rancière (2007) “Para emancipar a otros hay que estar uno mismo emancipado. Hay que conocerse a uno mismo como viajero del espíritu, semejante a todos los demás viajeros, como sujeto intelectual partícipe de la potencia común de los seres intelectuales” (Pág. 22)
Con lo anteriormente nombrado queda de manifiesto la importancia de la existencia de educadores emancipadores dentro de las instituciones de reclusión, por supuesto de los espacios y las condiciones para que ese escenario educativo se dé, que pueden ser buscados y generados por quienes pensamos la educación,  más que por los  carceleros, que reproducen el sistema enfermizo de exclusión y de división de las inteligencias al que el hombre post-moderno se ve sometido; con esto queremos decir que la justicia y la sociedad en general deben apuntarle a la formación de una nueva subjetividad presidiaria, donde la educación y no el control sean el eje,  si realmente, queremos que estos individuos al salir de la cárcel puedan reintegrarse a la sociedad.
Bibliografía
Arendt. H, “ La condición humana”, Barcelona, Paidos, 1993.
Eirini Grigoriadou. Michel Foucault: sobre el cuerpo criminal y las ciencias sociales. El criminal en los archivos fotográficos. En revista Pensar. Epistemología y Ciencias Sociales, N° 6, Editorial Acceso Libre, Rosario, 2011.
Freire P. (1972). “Pedagogía del oprimido”. Ed. Tierra Nueva y Siglo XXI Argentina Editores, Buenos Aires
Foucault, Michel Vigilar y castigar: Nacimiento de la prisión, Siglo XXI, México, 1999.
Rancière, J. (2007). El maestro ignorante.


[1] Ver: http://www.unesco.org.ve/dmdocuments/biblioteca/libros/informees_presos_colombia.pdf

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