lunes, 21 de abril de 2014
On 3:01:00 p.m. by Gustavo López in 1278, 2277, educación, ESTATUTO DOCENTE, fecode, LEY 115. FOUCAULT., Maestro, MOVIMIENTO PEDAGÓGICO NACIONAL, POLÍTICA PUBLICA, RESISTENCIA 1 comment
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| Gustavo López |
El maestro colombiano como sujeto
social, ha sido históricamente un actor de lucha en constante
constitución, constante configuración, ya sea como sujeto individual o como
sujeto colectivo, este proceso si se quiere ético, en términos de
Foucault de cuidado de si o de tecnologías del yo(Foucault (1990)),
se dio muy fuerte a finales de la década de los 70, pero principalmente
durante toda la década de los 80, dio sus principales resultados en los
años 90, década que también trajo consigo sus últimos grandes suspiros.
Este proceso fuerte de
construcción de identidad, tanto en lo político pero principalmente en lo
pedagógico, permitió que el maestro colombiano
conquistara escenarios importantes en la vida nacional, en el ámbito de la cultura, de la política pública, el en ámbito de la vida política nacional que se reflejó en el respaldo popular y en su posterior presencia activa en escenarios y procesos de suma relevancia como la constituyente de 1991 y posteriormente con la representación en el congreso de la república hasta nuestros días.
conquistara escenarios importantes en la vida nacional, en el ámbito de la cultura, de la política pública, el en ámbito de la vida política nacional que se reflejó en el respaldo popular y en su posterior presencia activa en escenarios y procesos de suma relevancia como la constituyente de 1991 y posteriormente con la representación en el congreso de la república hasta nuestros días.
Sin embargo este proceso tuvo su
freno, un freno que desde finales de los 90 se ha venido intensificado y
que se ha denominado contrarreforma educativa, que ha pretendido con gran éxito
cortar los avances que décadas antes habían sucedido, gracias a la
presión de los maestros desde sus dos principales expresiones que estrechamente
vinculadas habían logrado, es decir, lo que la FECODE con sus filiales
regionales y locales y el Movimiento Pedagógico Nacional con sus
diferentes expresiones, ubicadas en diferentes colectivos de pensamiento,
habían gestado desde entonces.
Esta llamada contrarreforma
educativa, ha producido que el carácter de actor político, de pensador de
la pedagogía, de activista social, de intelectual de la cultura, de crítico
del orden social, que se había fomentado y que se había construido en todo el magisterio colombiano se fuera mermando con el tiempo, dando paso a una definición de maestro en otra dirección que pretendía obnubilar lo que ya representaba una piedra en el zapato para los gobiernos fuertemente neoliberales que gobernarían a Colombia desde entonces.
del orden social, que se había fomentado y que se había construido en todo el magisterio colombiano se fuera mermando con el tiempo, dando paso a una definición de maestro en otra dirección que pretendía obnubilar lo que ya representaba una piedra en el zapato para los gobiernos fuertemente neoliberales que gobernarían a Colombia desde entonces.
El maestro intelectual, el
maestro político, el maestro investigador y trasformador de la cultura, ya no
era entonces el maestro que servía a los intereses que el país obedecía, es
decir ya no era acorde a los intereses del mercado en un escenario más global
que concibe la educación esencialmente como servicio. Así era necesario aplicar
una serie de medidas que permitieran entre otras construir un nuevo sujeto
maestro, uno definido desde el discurso de la oficialidad, moldeado para
sus fines, uno que pudiese controlarse de mejor manera, uno que permitiera
dar fractura definitiva a un gremio que hasta un momento se mostraba como
fuerte y compacto.
Este maestro desde la
década del 2000, es el que se ha venido construyendo desde la política de la
oficialidad, lo cual se ha visto reflejado no solo en el maestro como sujeto,
sino en todo el entramado del dispositivo (Deleuzeano) educativo que se ajusta
para los fines ya enunciados.
Siendo este el panorama, el
presente documento pretende abordar de manera sintética los retos e
implicaciones que suponen que el maestro colombiano actual, reactive su
constitución como sujeto individual y por esa vía como sujeto colectivo,
expresado principalmente en la reactivación del Movimiento pedagógico Nacional
y la posibilidad de transformación del movimiento sindical actual. Para ello
se apoyaré en textos como “Notas para un dialogo con la obra de
Sthepen Ball, Historia de la práctica pedagógica en Colombia (2005) y “Oficio
de maestro, saber pedagógico y prácticas culturales en Colombia, 1870-2002”,
de Oscar Saldarriaga, así como del texto “La
pedagogía como campo intelectual: tensiones en el origen del Movimiento
Pedagógico” de
Klaus Runge Peña (2012) , de igual forma en el texto del Laboratorio de
políticas publicas de buenos Aires del profesor colombiano Orlando Pulido
Chávez “La Federación Colombiana de Educadores (FECODE) y la lucha por el
derecho a la educación. El Estatuto Docente”(2007), así como los
aportes que desde Henry Giroux en “Teoría y resistencia en educación. Una pedagogía
para la oposición” (2004), nos puede ofrecer. De esta manera, abordara en primera
instancia un breve recuento histórico en torno a la constitución del sujeto
maestro individual y colectivo colombiano, durante finales de la década
de los 70, toda la década de los 80 y gran parte de la década de los 90. Luego
en un segundo momento mostrará de manera general el proceso de contrarreforma y
sus resistencias lo que permitió ir introduciendo un nuevo sujeto maestro
contrario al proceso que venia andando. Finalmente se centra, a manera de
conclusión y de propuesta breve, en los retos e implicaciones que esta tensión
propone, en el marco de una posible reactivación de estos procesos y las
posibilidades que supone para los maestros colombianos de hoy.
El maestro colombiano en las décadas de los 70s, 80s y
90s. El inicio de una constitución como sujeto individual y Colectivo.
La Federación Colombiana de
Educadores FECODE, nace en el año de 1959 posterior al proceso que se venia
gestando desde 1956 con el nacimiento de la Asociación Nacional de Educadores
Colombianos, , como expresión sindical y política de reivindicación de
los derechos laborares de los maestros en Colombia, en el marco histórico de
la reciente creación del Frente Nacional, este proceso agrupo en
una sola organización a los sindicatos regionales y locales de maestros que
venían luchando tiempo atrás por sus derechos laborales. La FECODE en un
momento histórico en el que se pretendía dar fin a la violencia bipartidista
que era el pan de cada día de los colombianos, se perfilaba como una
organización social con claros enfoques liberales y de izquierda marxista, que
tenían como fin defender las condiciones de dignidad laboral de los maestros colombianos
ante la explotación de la cual eran objeto.
Hasta entonces los maestros no
tenían una organización fuerte que los representara a nivel nacional, los
maestros históricamente denigrados en sus labores habían sido víctimas de
innumerables atropellos de todo tipo, desde la no cancelación oportuna de sus
salarios, el pago con otro tipo de bienes como licores y otros que después
debían vender para obtener sus ingresos, la desprotección social de todo tipo
y el asesinato por sus ideas de cambio y transformación social.
Hasta entonces la figura del
maestro en Colombia no tenía relevancia alguna, pero a partir de la
consolidación de una fuerza popular que hizo frente a las políticas económicas
y sociales del estado, es que comienza una etapa de enriquecimiento, de
construcción y constitución de sujeto individual y colectivo del maestro
colombiano.
A pesar de la aparición de la
FECODE que sin duda impulso el despertar político y social del maestro, el
escenario pedagógico del maestro no era claro, es decir el maestro colombiano
aun necesitaba buscar un rumbo epistemológico de su oficio para definirse,
construirse en un sentido u otro frente a su principal oficio o papel en
la sociedad como lo es el de enseñar. Es decir era necesario preguntarse por el
papel del maestro, de su estatuto intelectual, pues hasta entonces como
lo señala Saldarriaga (2005) “las ciencias de la educación habían convertido a
la pedagogía en un saber instrumental, técnico, y por tanto el maestro no era
reconocido como un productor y portador de su propio saber, sino como un
técnico, un artesano destinado a aplicar teorías, contenidos y métodos
diseñados por expertos e intelectuales desde fuera de la escuela” (Saldarriaga,
página 1). Es decir, hasta entonces el maestro colombiano no tenía un
lugar propio; epistemológicamente la pedagogía en Colombia había optado por
hacer reverencia a las ciencias exactas, a la psicología educativa, a la
sociología de la educación que pensaban la educación desde fuera.
Así es que en 1975 surge en
la Universidad de Antioquía y posteriormente en asociación con 3 Universidades
más, La Universidad Nacional, La Pedagógica Nacional y la Universidad del Valle
el grupo fundado por la maestra Olga Lucia Zuluaga, “Historia de la
Práctica pedagógica en Colombia”, este grupo que apoyo su fundamentación
intelectual en la arqueología del saber de Michel Foucault, elemento que
a modo de caja de herramientas permitiría abordar la educación desde una
visión que se salía del esquema del las ciencias de la educación “funcionalista
y tecnocrático”(Saldarriaga (2005)pág. 1) y de la visión de la educación como
mero aparato ideológico del estado de las ciencias sociales heterodoxas que
ponían a los maestros como “idiotas útiles de la reproducción capitalista,
operarios de la escuela” (Saldarriaga, 2005 , pág. 1), por eso la arqueología
del saber se perfilo como línea de fuga en el dispositivo educativo concebido
hasta entonces, impulsando al maestro como un “trabajador de la cultura”
(Saldarriaga pág. 3)sujeto de saber y poder, dotado del saber pedagógico que
antes le era ajeno.
Junto a este grupo poco tiempo
después, como bien lo señala Klaus Runge Peña (2012)pág. 3)
aparece en la escena Nacional también el Grupo Federici de la Universidad
Nacional de Colombia, liderado por el profesor Italiano Carlo Federici y del
cual hizo parte entre otros Antanas Mockus, grupo centrado en discutir la
pedagogía desde el enfoque de las ciencias de la educación, así mismo se iba
gestando el trabajo en educación popular, que comenzaba Lola Cendales junto con
los salesianos y educadores inspirados en la labor del padre Javier de Nicoló y
las teorías de Paulo Freire, entre ellos German Mariño, lo que sin
duda avivaría el debate interno por el concepto de pedagogía, y la visión de
educación que los maestros colombianos venían gestando.
Sumado a esto, el sindicato
nacional funda el CEID (centro de investigación y desarrollo) y la Revista de
educación y cultura, espacios que se iban convirtiendo en el lugar de desahogo
y de publicación de las nacientes investigaciones educativas que los maestros
colombianos en su nuevo rol estaban realizando. Esto sin duda trajo un debate
amplio pero enriquecedor sobre el concepto de pedagogía al interior del gremio,
la pregunta por la didáctica, por la escuela, por el mismo maestro como
eje de la propia investigación, así se asomaron tensiones que se evidenciaron
luego en el naciente Movimiento Pedagógico Nacional.
En los años 80, en 1982 se funda
oficialmente en el XII congreso de la FECODE, El Movimiento Pedagógico
Nacional, que era esencialmente la reunión intelectual y activa de todos los
grupos mencionados y otros sectores de la educación, un sector que descentraría
la lucha del plano político y de las lógicas de lucha sindicales
que hasta ahora tenían gran exclusividad y acogida en el sindicato, lo que
también generó procesos de debate al interior del magisterio. Esto resulto en
la propuesta de lucha en 3 ejes fundamentales del papel de maestro.
“El maestro como trabajador de
la cultura, con compromisos pedagógicos que necesita rescatar para
colocarlos al servicio de las masas populares y con una práctica pedagógica que
contribuya a la liberación nacional, que desarrolle en el estudiante el
espíritu creador, investigativo, crítico. Un maestro que aprenda junto a sus
estudiantes, que no domestique, que no reprima, que sepa luchar por la libertad
pero que también enseñe a ser libres, en fin, que incorpore lo mejor de las experiencias
nacionales y universales a su práctica docente.
El maestro como luchador consecuente por sus derechos
laborales y salariales.
El maestro como ciudadano, luchador por sus derechos
democráticos y políticos, participante efectivo en la lucha por reivindicaciones
populares, entre ellas las del campo educativo. Solidario con las luchas de
todos los trabajadores y el pueblo colombianos” (Hernández Guevara, N.
(2007).pág. 9)
Sin embargo todo este
proceso de re significación del maestro y del magisterio mismo,
permitió que se dieran conquistas desde otro enfoque, que se
sumarian a las ya alcanzadas por el movimiento sindical como la obtención de un
estatuto docente para el magisterio colombiano en el año de 1979 este es
el decreto 2277, fruto de la presión social, la manifestación pública, el
derecho a la protesta y la huelga , la movilización constante por una
dignificación de las condiciones materiales de los maestros, en un
escenario de la lucha enfocado inicialmente en el ámbito de lo logístico, lo
técnico y lo material, esencial para el maestro, que por supuesto no
desconocía el naciente deseo transformador y político del maestro que se daría
con mayor fuerza 3 años mas adelante con el nacimiento del Movimiento
Pedagógico Nacional.
Sin duda este antecedente
fue el abono, el camino inicial para las luchas posteriores ya sobre el
escenario de lo intelectual, de la política pública, de la concepción misma de
la educación.
El magisterio colombiano, ahora
más fortalecido, con un estatuto docente que lo cobijaba se lanzo en la
conquista a través del MPN de una educación de tipo constructivista y sobre
todo reconstructiva, que intentaría superar el enfoque funcionalista de
las ciencias de la educación y el enfoque reproductivita de las ciencias heterodoxas
(sin renunciar a estas ultimas por completo pues algunos grupos aun rescataban
muchos aspectos de las 2), de re significación del saber, de sujetos y
sobre todo de la historia misma , un movimiento que en esencia impulsado por el
GHPP movimiento que luchaba por el reconocimiento del saber pedagógico
como elemento propio de la pedagogía, encontraría un arma con la que los
maestros colombianos construirían una visión de país que necesitaba
claramente una transformación.
Esto tuvo su máxima expresión
entre los años 80 y los 90 y sus logros notables y alcances aun hoy
tienen vigencia.
Gracias a este proceso el
magisterio colombiano tuvo importante participación en la Asamblea Nacional
Constituyente como uno de los sectores sociales que ayudó a construir la nueva
Constitución Política de Colombia del año 91, en donde el objetivo era
dejar sentada en la carta política los derechos de los trabajadores colombianos
entre ellos los de los maestros, a la organización de sindicatos sin intervención
del Estado lo cual quedo en el articulo 39 y por supuesto por la defensa
de una educación como derecho fundamental de los colombianos, lo cual
quedo consignado esencialmente en los artículos 67 y 69 de la carta
política.
Gracias a esto, se inicio posteriormente
en medio distintas divisiones al interior del magisterio, tal vez una de las
mayores conquistas del magisterio hasta nuestros días, “La capacidad crítica y
propositiva del Movimiento Pedagógico se expresa, entre otras cosas, en el
hecho de que produjo un pensamiento propio que se tradujo en aportes e
iniciativas que fueron recogidas en la Ley 60 de 1993, la Ley 115 de 1994 o Ley
General de Educación, el decreto 1860 y otras importantes disposiciones que
regularon la educación colombiana” (Pulido , (2007, pág. 36) leyes que incluyen
una ley general de la educación en Colombia pensada esencialmente por los
mismos maestros colombianos, cuestionada por supuesto por distintas razones, y
por distintos sectores, con lo cual no deja de ser el fruto de la
transformación colectiva del sujeto maestro que en su momento tan solo aplicaba
políticas y ahora las construía, un cambio fundamental y radical en el
papel del maestro, así diría Henry Giroux que el maestro colombiano se hizo
actor político y de resistencia, una resistencia que debe tener
“una función reveladora, que contenga una crítica de la dominación y ofrezca
las oportunidades teóricas para la autorreflexión y la lucha en el interés de
la emancipación propia y de la emancipación social” (Giroux (2004 ), pág. 145),
ese es en definitiva el horizonte que guio y a ha guiado el movimiento sindical
y en gran medida el movimiento pedagógico nacional . “Finalmente, se debe
subrayar enérgicamente que el valor esencial de la noción de resistencia tiene
que ser medido no sólo por el grado en que promueve el pensamiento crítico y la
acción reflexiva sino, de manera más importante, por el grado en el que
contiene la posibilidades de estimular la lucha política colectiva alrededor de
problemas de poder y determinación social” (Giroux (2004), pág. 148).
Para finalizar este apartado se
puede resumir que la década de los 70 permitió una incubación de ideas y de
transformaciones de los maestros que dio sus frutos con el estatuto docente
2277 de 1979, que se convirtió en preámbulo y piso para las luchas
posteriores que se diversificación, todas ellas con el maestro como eje central
del debate educativo y en él la pedagogía como elemento de reflexión central y
guía esencial del porvenir de la educación en Colombia. El debate por la
definición de la pedagogía en Colombia, por su carácter epistemológico propició
la creación de centros de pensamiento de maestros, grupos de investigación
educativa que se centraron en superar o re-pensar perspectivas educativas
que hasta entonces hegemonizaban el panorama educativo, así la aparición de
grupos como el de Olga Lucia Zuluaga el GHPP, el grupo Federici, el grupo de
educación popular de Lola Cendales y otros mas, fueron conformando para los
años 80 lo que se denomino el Movimiento Pedagógico Nacional, como
alternativa y nuevo frente de lucha de los maestros, ahora desde la
academia y la pedagogía, como sujetos de saber y de poder, este MP parte
fundamental que complementó el sindicato nacional FECODE propicio el debate intelectual,
político y social de la educación en Colombia al interior y fuera del
magisterio, lo que suscito y produjo grandes cambios en la política
publica educativa colombiana, así la ley 115 de 1994 y la ley 30 del 92 se
reconocen como fruto del proceso ético del magisterio colombiano, proceso que
seria frenado desde finales de los 90 con una fuerte contra reforma educativa
en el marco de políticas de corte claramente neoliberal que venían haciendo
curso en los 90 pero que se intensificaron en la de cada del 2000 y con las
cuales hoy el maestro colombiano convive. De ese proceso hablaré a
continuación.
La contrarreforma y la instauración de un
nuevo sujeto maestro en Colombia.
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La década de los 90 trajo consigo
la apertura económica que el Gobierno de Cesar Gaviria instauro, con ella todas
las políticas neoliberales que desde el decálogo del consenso de
Washington se dictaban, se empezaron a instaurar con fuerza en el país, muchas de
ellas quedaron plasmadas en la nueva carta política que se construiría en 1991
tras la asamblea nacional constituyente, entre ellas, a pesar del proceso
de presión y ante la participación activa del magisterio colombiano en la vida
política nacional, se gestaba en paralelo lo que se denomino el plan de
Apertura Educativa, Rodríguez (2002) “llama la atención sobre la
promulgación simultánea de la nueva Constitución Política de 1991 y el
Plan de Apertura Educativa –PAE-, política sectorial del gobierno de César
Gaviria (1990 -1994). Mientras la Constitución avanzaba en el delineamiento de
un nuevo tipo de Estado social de derecho, con enfoque participativo y
énfasis en una concepción de derechos, el PAE introducía para la
educación las propuestas neoliberales. Rodríguez (2000, p.21) llama la
atención sobre el hecho que mientras la Constitución le imponía al Estado
nuevas obligaciones y le otorgaba nuevos derechos y oportunidades a la
población, el PAE pretendía aplicar a raja tabla el credo neoliberal.
Ocampo ((1991, pp. 29-30), citado por Hernández (2007) citados por (Pulido
Chávez, (2007) pág. 37).
Este proceso de apertura
educativa, fue todo un entramado de política pública que pretendía dar freno a
procesos que se venían escapando de las manos y en contravía a una visión
economicista del estado y entre ellas de la educación. A pesar de ello la
presión del magisterio que aun era fuerte, logró la proclamación de las
leyes generales de educación con ayuda de los maestros universitarios, la
ley 30 de educación superior de 1992, la Ley 60 de 1993,
llamada de recursos y competencias que genero grandes divisiones internas del
magisterio por que algunos consideraban “que esta estableció los planes de
racionalización como exigencia para acceder a la administración descentralizada
de la educación por parte de las entidades territoriales” ((Cajiao 2004) citado
por Pulido Chávez (2007) pág. 39), y otros opinaban que “con su
expedición los postulados constitucionales obtuvieron una importante victoria sobre
los neoliberales ((Rodríguez,2002) citado por Pulido Chávez (2007) pág. 39), y
la ley 115 de educación del 1994.
Sin embargo el embate contra
reformista no se hizo esperar, en 2001 el acto legislativo 01
modifico en gran medida los que en la ley 60 del 93 se había establecido en
cuanto a recursos para la educación, lo que produjo que la educación y la salud
del país redujeran y racionalizaran sus presupuestos en aras de permitir al
estado ahorrar y disminuir su déficit fiscal, esto por supuesto fue un golpe
para los maestros que se vieron afectados entre otras por sus salarios.
Posterior a esto en el mismo periodo de Pastrana Arango , la concesión
educativa estaba al orden del día con la alcaldía de Enrique Peñalosa en
Bogotá, que dio a entidades privadas en concesión plantas físicas de la
capital para que fueran administradas por estas, fenómeno que se replico en
todo el país, lo que ocasiono que las plantas docentes que debían ser oficiales
ahora fueran contratadas en lógicas del sector privado, una clara estrategia de
división del magisterio, este modelo paradójicamente con su historia lo mantuvo
Antanas Mockus en su segundo periodo de alcalde entre el 2001 y 2003, sin
duda lo anterior ocasiono en los movimientos sindicales grandes manifestaciones
de los sindicatos regionales y locales, sin ser esto suficiente el gobierno
decreto la ley de racionalización en educación, tal vez la mas lesiva de
todo el paquete La Ley 715 de 2001, pues, como considera el profesor Estrada
“La ley profundiza un concepto neoliberal de la descentralización, pues
concentra de forma autoritaria las definiciones y decisiones de política
educativa en el Gobierno central al tiempo que limita la autonomía de los entes
territoriales y los reduce a agentes gestores de su política ; traslada a los
entes territoriales más competencias con menos recursos; estimula un concepto
empresarial de institución escolar que provoca la autonomía financiera y
la cofinanciación; propicia un concepto de distribución de recursos de
acuerdo con las reglas del mercado y erige la competencia por los recursos en
principio rector de la actividad educativa; fomenta la contratación privada a
través de variadas modalidades; y refuerza la sujeción del sistema
educativo a los dictámenes de la política macroeconómica, especialmente a
través de la flexibilización del magisterio”. (Estrada (2002, b), citado por
Pulido Chávez (2007) pág. 41)
El gobierno de Pastrana impuso la
715 de Diciembre 21 de 2001, la mas clara ley que representa con creces la
tendencia neoliberal que se le daba a la educación, se dejaba claro el nuevo
rumbo educativo del país. Seguido a este duro golpe contra la educación y
con ello al magisterio colombiano, se vino la posterior firma del nuevo
estatuto docente el decreto 1278 firmado el 19 Junio de 2002, diseñado bajo las
lógicas de la evaluación, la racionalización y la competencia. Este
se pondría en marcha en firme en el entrante gobierno de Álvaro Uribe
Vélez, este hecho marco la instauración por imposición de un nuevo
esquema de bio-poder que sin duda profundizó el resquebrajamiento del
magisterio colombiano, una fractura de gran dimensión de la que hoy se intenta
reponer, pues primero deja al país simultáneamente con 2 estatutos docentes lo
que ocasiona ambivalencia, división y competencia. Así: 1. Crea un nuevo
magisterio dividido y 2, crea un nuevo estatuto llamado de
profesionalización que no requiere de profesionales dedicados y educados en la
pedagogía y abre el espectro para que cualquier profesional ingrese a la
carrera, de esta forma 3. Las facultades de educación de las distintas
universidades del país pierden peso y la discusión sobre su pertinencia se
abre, y 4. Deja por fuera totalmente a los maestros de sector privado.
En ultimas es una clara
estrategia de despedagogización de la labor del maestro colombiano, un
retroceso certero al proceso que durante mas de 20 años venia impulsando el MPN
y el sindicato, no con ello las condiciones que impone este estatuto pretende
despolitizar al maestro, controlando su que hacer a través de la evaluación de
carácter sancionatoria y no formativa y lo merma frente a sus pretensiones
salariales a través de los concursos de ascenso docente que se filtra a través
de la evaluación de competencias. En últimas asistimos al nacimiento –por lo
menos en el discurso- de un docente despedagogizado, despolitizado, controlado
en lo económico y en lo académico, así por esa vía pretende sacarlo del
escenario de la lucha social que venia dando.
Este proceso pretendió con gran
éxito, aplacar el empuje con el que el movimiento magisterial, expresado
en su sindicato nacional, sus filiales regionales y locales, y el Movimiento
Pedagógico Nacional había alcanzado, y así la visión de maestro que se había
gestado. Estos representaban para el establecimiento sin duda una
amenaza, una piedra en el zapato para llevar a cabo las políticas de corte
económico neoliberal que aun faltaban en el marco de un estado mas
pequeño que no requería y no necesitaba de un sistema oficial de
educación fuerte y que mas bien podía delegar al mercado este sector que podía
ser muy productivo económicamente.
Así el enfoque de educación como
derecho, discurso de los 70 y los 80 e inicios de los 90 se fue
transformando por el de la educación como servicio, esto se fue traduciendo en
la reducción paulatina de los recursos en educación y el fomento y crecimiento
de la educación privada en Colombia, a esto le adhirió los procesos de
concesión de la educación, se impusieron como esquemas viables que
jalonados por la idea de “calidad educativa” desprestigiaban la educación
publica del país y por esa vía el papel del maestro.
Retos e implicaciones, re
significación del maestro Colombiano.
Los apartados anteriores permitieron observar de forma
general como el sujeto maestro en Colombia se ha podido configurar
individual y colectivamente a través del Movimiento sindical y del Movimiento
Pedagógico Nacional, entorno a la defensa y lucha por los derechos laborales y
políticos , y en torno a la discusión por el estatuto de su oficio y del debate
epistemológico de la pedagogía que resultó en triunfos políticos y de política
publica en diferentes aspectos entre los que se destaca el estatuto docente de
1979 y la ley 115 de 1994.
También como frente a este proceso, si se quiere
emancipatorio, de constitución de subjetividad del maestro, de construcción
identitaria, no se hizo esperar una contra reforma que dedico sus
esfuerzos a ajustar el sistema educativo y todo lo que ello implica (entre
ellos el maestro) a las condiciones de política económica del
neoliberalismo que centra su desarrollo en las leyes del mercado, así una
serie de políticas publicas de este corte frenaron el avance que décadas atrás
venían gestándose, allí, el proceso de construcción autónoma de sujeto
maestro se pretendió reemplazar por un sujeto maestro moldeado a los intereses
de este modelo, no obstante que leyes como la ley 715 de 2001 y el estatuto
docente de 2002 se presenten como hito de la racionalización en educación en el
sistema educativo y en el sujeto mismo.
Esto que pudimos observar deja en el medio un
vacío que aun no se resuelve, y es que frente a este panorama que no parece tan
alentador, resultan grandes retos para el maestro colombiano, que a pesar
de llevar a cuestas estas políticas regresivas, también posee una historia
política, intelectual y de lucha que aun puede reactivarse y poner en
movimiento. Asumir estos retos puede permitir pensar una serie de implicaciones
que traería para el beneficio del mismo maestro como sujeto, y al sistema
educativo en su conjunto como beneficio de la sociedad colombiana.
Retos:
La ofensiva en política publica neoliberal
propone grandes retos al maestro colombiano, 1. Obliga a que los maestros
colombianos frente un estatuto de profesionalizaron docente como lo es el 1278
de 2002, a contrarrestar sus efectos desde el plano de la lucha
sindical a través de la puja constante de su desmonte y posterior formulación
de un nuevo estatuto docente acorde a las condiciones que el mismo magisterio
se plantee, al tiempo que mientras este proceso surte efecto 2. Es
necesario volver a la reflexión pedagógica en medio de un magisterio hoy por
hoy altamente despedagogizado, esto por medio de fomentar de nuevo la
investigación educativa a través de la relectura de los procesos de décadas
anteriores, la reactivación y potenciación de los grupos como de GHPP, el grupo
Federici y el grupo de Educación Popular, legado de Lola Cendales.
El magisterio nacional debe seguir dando el debate
frente a la políticas de concesión, lograr su desmonte y ampliación por esa vía
de las garantías de los docentes privados, propender por la unificación del
magisterio desde los ámbitos político y sobre todo desde el eje central de la
pedagogía.
Por supuesto estos retos no son nada fáciles pues
implican.
1. La re-
pedagogización del magisterio colombiano y su movilización frente a las
perspectivas que este mismo defina. Esto requiere de espacios de encuentro,
de semilleros de debate, de observatorios de política, y escenarios de
discusión pedagógica.
2. El
fortalecimiento de los centros de pensamiento y de investigación educativa, las
revistas, los grupos, las facultades de educación.
3. La
continuación de procesos de lucha sindical, que implican por supuesto la
relectura ética de la organización misma de las agremiaciones sindicales desde
lo local, regional y nacional, para ello re significar en su seno
los conceptos de democracia, lucha, pedagogía, y maestro, y resistencia,
para darle un nuevo impulso y fuerza a las dinámicas que se avecinan. La
revisión de los estatutos internos y la convocatoria local, regional y nacional
a encuentros participativos para tal fin.
4. La construcción
de un proyecto pedagógico alternativo al del modelo oficial, para ello es
necesario hacer parte de los escenarios políticos y sociales en los que estos
temas se den para impulsarlos en las agendas políticas, y lograr traducirlos en
políticas publicas concretas, esto implica un magisterio estudioso y proponente
de políticas para así de nuevo dejar de, solo aplicar políticas para de
nuevo empezar a construirlas.
Así la consigna es hacer de nuevo del saber pedagógico
el arma de poder de un sujeto que debe tener como objetivo trabajar por la
cultura para transfórmala, para así constituirse como un nuevo sujeto y
ayudar en la configuración y el nacimiento de nuevas subjetividades mas acordes
al mundo de hoy, que propendan por el respeto a la diferencia, la lucha por los
derechos, el cuidado del planeta, el respeto por el otro y la transformación de
las condiciones de desigualdad de nuestro mundo.
Todo lo anterior, claro, suena muy
altruista, muy elevado, pero en el fondo es el objetivo que durante siglos
grandes pedagogos han perseguido. En Colombia el Movimiento Pedagógico Nacional
dio una gran lección, una gran lucha, esta se expandió a Latinoamérica como
ejemplo de dignificación del oficio del maestro, ahora es tiempo de retomar el
rumbo y hacer frente como maestros resistentes a un modelo económico y
político, que ha demostrado que lejos de superar los problemas de la
humanidad los acrecienta y los profundiza.
Debemos entonces, como propuesta, reactivar el
Movimiento Pedagógico Nacional, ya no solo para reflexionar sobre la pedagogía,
sino sobre nuestra propia historia, para re-pensar el movimiento sindical, su
organización y sus objetivos, también para hacer frente a las políticas
neoliberales que siguen en curso y que no dan marcha atrás. Debemos de
nuevo vincularnos a grupos de pensamiento, fomentar nuestra propia
participación en las Revistas y los diferentes escenarios de publicación,
opinión y debate académico educativo, hacer control político directo de
nuestros representantes instalados en el congreso y por esa vía impulsar los
debates en el mismo, movilizarnos constantemente y hacer presión social por
nuestras consignas, alcanzar en ello apoyo popular, para ello será necesario
llevar el quehacer pedagógico fuera de las aulas, así mismo fortalecer,
mejorar, recapacitar sobre nuestra practica pedagógica, para lo cual es
imperativo el compromiso individual de estudio, de experimentación, de
investigación, desde la incorporación de la pedagogías criticas en el aula.
Bibliografía
·
Foucault, M. (1990). Omnes et singulatim: Hacia una crítica de la “razón
política En: Tecnologías del yo y otros textos afines. Barcelona: Paidós
Ibérica.
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Giroux, Henry A. (2004) “Reproducción, resistencia y acomodo en el proceso de
escolarización” en, “Teoría y resistencia en educación. Una pedagogía
para la oposición”. Ediciones Siglo XXI. Págs. 105- 149.
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Hernández Guevara, N. (2007). Movimiento pedagógico y procesos de participación
de la sociedad civil en política educativa Colombia 2001-2005. En N. Hernández
Guevara, Participación e incidencia de la sociedad civil en las políticas
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Argentina: Fundación Laboratorio de Políticas Públicas.
·
Peña, Klaus Runge (2012). La pedagogía como campo intelectual: tensiones
en el origen del Movimiento Pedagógico, en Revista Educación y Cultura. FECODE,
edición 100, Diciembre 2012
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Pulido Chaves Orlando. (2007), "La Federación Colombiana de
Educadores (FECODE) y la lucha por el derecho a la Educación. El Estatuto
Docente” Buenos Aires, Mayo de, Laboratorio de Políticas Públicas.
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Saldarriaga Oscar(2013),
“Historia de la práctica pedagógica en Colombia. Diálogos con la Obra de
Stephen J. Ball”. Universidad Javeriana.
·
Saldarriaga V. Oscar (2005). Oficio de maestro, saber pedagógico y prácticas
culturales en Colombia, 1870-2002.
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GUSTAVO LÓPEZ TORRES. Con tecnología de Blogger.

Me gustò su artìculo colega, pues es importante conocer la historia....Definitivamente el maestro debe involucrarse en el anàlisis crìtico y consciente de la situaciòn del Sistema Educativo Colombiano, de los factores pedagògicos, laborales y sindicales que nos atañen, pero para ello es necesario que Fecode y sus filiales propicien los espacios necesarios para realizar los debates y extraer conclusiones de estos que puedan llevarse como propuestas a las entidades decisorias....Lamentablemente los sindicatos actuales ponen una "barrera" y evidencian temor a la participaciòn masiva de los maestros. Por el bien de nosotros y del Sistema Educativo como tal, esperemos que dicha barrera sea destruida.
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