viernes, 13 de diciembre de 2013


Gustavo López
En estos últimos días a propósito de la destitución de Gustavo Petro como alcalde  y de su inhabilidad por 15 años por parte del procurador general de la nación Alejandro Ordoñez, se han suscitado eventos de rechazo popular en muchos sentidos, la plaza pública como no se había visto hace décadas se ha reunido para escuchar a un político, algo solo visto por última vez en los tiempos de Galán,  pero más aún en tiempos de los discursos de Gaitán. 

No solo el pueblo se ha reunido en torno al político, para apoyarlo o brindarle su solidaridad, por primera vez en muchos años este pueblo que sale, de distintos movimientos sociales, de distintos partidos políticos, de distintas organizaciones populares,  salen a la calles a reclamar principalmente por la democracia, a exigir sus derechos políticos y a demandar justicia, nunca antes
había escuchado en una semana repetir con tanta contundencia no solo del destituido alcalde,  sino de todos los dirigentes políticos que han elevado su voz de protesta por este hecho arbitrario, anti democrático y anti paz, la importancia del poder constituyente, ese poder que es un "León indomable" al que le teme el constituido, ese león que hoy está rugiendo en las calles, sale de su jaula para decirle al constituido que el carcelero no puede seguir tomando las riendas del poder popular.

Lo que veo por estos días en las calles es Multitud, lo que veo en  las calles desde  Antonio Gramsci es la posibilidad  de subvertir la Hegemonía de un poder dominante,  para reemplazarla por una hegemonia construida desde lo popular,  es sin duda el inicio de la emergencia de las clases subalternas de Colombia.

Nada me conmueve más que ver, a pesar que   todos los vaticinios, las predicciones jurídicas y demás,  son en gran medida pesimistas, que la sociedad mundo, esa que Ulrich Beck, Joseph E. Stiglitz, Zygmunt Bauman, Antonio Negri y Michael Hardt  nos ha explicado,  hoy se conecta entorno a un problema para pelearlo y defenderlo, un problema que parece local, pero que no lo es y nunca lo ha sido, pues la democracia, ese tesoro que nunca hemos tenido en realidad y por el que venimos peleando desde siglos hoy se ve más amenazada que nunca.

Algunos indagaban tiempo atrás por qué debíamos preguntarnos y preocuparnos por las luchas de libertad de los pueblos de otras latitudes, por qué la lucha palestina, las reivindicaciones de oriente, las pugnas africanas debían interesarnos a los colombianos, hoy es claro que es por la misma razón; por qué la libertad esa que el león indomable del poder constituyente debe poseer ,  esa a la que le teme toda la elite mundial,  la derecha internacional,  hay que defenderla aqui o en cualquier parte, por este y por todos los pueblos, por eso hoy se tiene que reivindicar, por eso  hoy debe  rugir cada vez más fuerte para que su eco retumbe en todas partes del globo.

La derecha nunca ha tenido más opción que reprimir, que violentar, que asesinar  para que eso tan bello que es la voluntad popular no salga de su jaula y llene el mundo de justicia, esa que en siglos y siglos, con todas sus instituciones nacionales e internacionales, con sus miles de miles de millones de dólares y de euros no le han podido ofrecer al mundo con un modelo económico nefasto y su forma de gobierno oscuro disfrazado de democracia.
 Lo que me conmueve aún más, y me llena de energías, recarga mis baterías para salir hoy y los demás días que sea necesario,  a reclamar, a exigir,  a pelear mi derechos,  es la idea de que allí en las calles, con la gente con los otros,   tal como Hannah Arendt lo señala,  hay nacimiento, hay creación. 

El poder hoy en Bogotá tiene movimiento, el poder hoy en Bogotá tiene alegría, el poder hoy en Bogotá tiene cultura y diversidad, pero también tiene hambre y sed de libertad, de justicia, y aquellos que nos la han negado hoy se resguardarán en sus palacios observando a aquellos que solo con la violencia pueden contener,  porque sus ideas no son ni serán suficientes, porque sus representantes son ilegítimos y porque saben que la hora de pueblo en algún momento llegará.




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